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martes, 22 de diciembre de 2015

Abordajes poco convencionales I - Los Neoculturalistas, por Vivina Perla Salvetti



En entradas anteriores tuve oportunidad de presentarles al profesor Federico Pérgola quien es un reconocido promotor local de la corriente conocida como Antropología Médica Clínica, especialidad que aunque muchos desprevenidos confundan con Etnomedicina, constituye un enfoque clínico para abordar al individuo enfermo como una unidad mente-cuerpo-emociones, lo que requiere  recuperar la noción clásica de la relación médico paciente, tan olvidada por la biomedicina actual:

“El modelo asistencial actual ha provocado, a la hora del encuentro médico-paciente, el “olvido” del enfermo en su calidad de persona. Y con ello, ha generado la insólita despreocupación de la medicina por las emociones y los sentimientos de quienes se enfrentan sin remedio a la dramática experiencia de perder transitoria o definitivamente su salud.”(Pérgola y Ayala Antropología Médica. Medicina para la persona, Buenos Aires, CTM 2005)


Con miras a lograr un abordaje del individuo en su totalidad,el doctor Pérgola sostiene en otro de sus trabajos “Comprendí que, en mayor o menor grado, la labor del médico es en cierto modo antropológica puesto que se está ocupando del hombre en múltiples aspectos, sobre todo en su bienestar en el seno de la sociedad”
Pérgola reconoce que propone un enfoque distinto de la medicina convencional actual, más abarcador y menos científico. Para ello pregunta
"¿Puede la antropología redundar beneficiosamente en la formación médica?”
Y unas líneas más adelante concluye:
“Para el “arte de curar” el médico debe escuchar historias, leer filosofía, y atender las necesidades de la alteridad.  Ser un aprendiz de antropólogo” (La antropología médica en discusión, Buenos Aires, El Guión 2008)

El olvidado Movimiento Culturalista
Esta mirada médica antropológica que excede el mero biologicismo requiere entonces de incorporar el papel de la Cultura en los procesos de salud-enfermedad, algo que el profesor y doctor en Medicina Federico Pérgola menciona repetidamente en sus análisis, y que  Luis Hornstein (médico y psicoanalista) ejemplifica de modo bien claro.
Como saben mis amigos, en otras entradas anteriores he tenido oportunidad de analizar el denominado movimiento Culturalista que tuvo su origen en Norteamérica durante los años treinta del siglo pasado, cuyos datos reitero a continuación.
Quizás algunos recuerden que Margaret Mead, antropóloga norteamericana, obtuvo enorme reconocimiento académico a raíz de su trabajo Adolescencia, sexo y cultura en Samoa, publicado en 1928 y prologado por Franz Boas, en el que describe el entorno familiar y social samoano como factor relevante para la ausencia de las crisis adolescentes tan mentadas en las sociedades occidentales psicoanalizadas. A esta mirada crítica se le sumaría Malinowsky como representante de la academia británica discutiendo la universalidad del complejo de Edipo.
Para algunos resultaba evidente que los trabajos antropológicos de campo comenzaban a cuestionar los supuestos universalistas propuestos por Freud, quien había fundamentado su teoría de los sueños en los aportes de antropólogos evolucionistas como Edward Tylor. Este clima impulsó la necesidad de un abordaje interdisciplinario y confluyó en lo que se conoce como corriente culturalista en psiquiatría, descripta por Mandolini Guardo:
“Hacia 1930 se hace netamente perceptible la influencia de las comprobaciones realizadas por antropólogos… influencia que en lo concerniente a la psicología y la psiquiatría, culmina cuando el insigne antropólogo Edward Sapir propone una estrecha colaboración entre… la antropología y el psicoanálisis. Los psiquiatras que adoptaron este criterio constituyeron el grupo conocido como psicoanalistas culturalistas, del cual Erich Fromm, Harry Sullivan y Karen Horney   fueron sus iniciadores en 1934” (Historia General del Psicoanálisis. De Freud a Fromm, Buenos Aires, Braga 1994)
Si bien Freud había reconocido inicialmente la influencia de la Cultura en el origen de las neurosis comenzó a darle tanta importancia a los instintos que lo cultural terminó por quedar relegado del análisis. En cambio, los psicoanalistas culturalistas tuvieron en cuenta fundamentalmente las relaciones entre el hombre y su entorno social, disminuyendo o hasta negando el valor de la libido y crearon técnicas propias aclarando muchos puntos oscuros en la situación analítica que permitieron analizar a psicóticos hasta conseguir la remisión del síntoma.

Neoculturalistas en la Argentina

En la Argentina, si bien hemos podido observar la hegemonía de la mirada freudiana focalizada en el determinismo psíquico, y por otra parte y más recientemente del determinismo biológico en los procesos de salud-enfermedad,  por fortuna también encontramos fuertes críticas para superar tales polarizaciones 

Por ejemplo, el profesor Pérgola ha criticado fuertemente la actitud biologicista que conduce a la deshumanización del paciente:
 “El modelo médico en actitud dictatorial ha proclamado la victoria de la racionalidad médica y la derrota de los sentimientos y emociones del enfermo que ve frustradas sus esperanzas de ser comprendido afectivamente. El cierre de la brecha entre ambos es el principal objetivo de la  antropología médica” (Antropología Médica. Medicina para la persona, op. cit.)

Esta epistemología crítica de los abordajes cerrados en sí mismos, cuenta con antecedentes en el olvidado movimiento culturalista, que incorporó la Cultura y particularidades histórico-sociales al análisis de los fenómenos.
En la Argentina, diferentes profesionales se erigen como faros, lo que me permite considerarlos como referentes de un enfoque holístico que me atrevo a denominar Neoculturalista.

Vale reiterar llegado a este punto, que este abordaje Neoculturalista no se presenta como un modelo, ni como una teoría, sino como una postura epistemológica cuyo carácter holístico procura trascender las estructuras científicas clásicas lógico-lineales.

Además de los avances del profesor  Federico Pérgola, no podemos dejar de mencionar al Doctor Roberto H. Iermoli, jefe de la Cuarta Cátedra de Medicina Interna del Hospital Escuela José de San Martín y perteneciente también a la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires. Respecto de esta cátedra cito palabras de otros que comparten mi percepción:
“Una visión antropológica integral del ser humano (biológica, psicológica, social y cultural) es la que sostiene la 4ta. Cátedra Medicina Interna del Hospital de Clínicas (Buenos Aires), cuyo titular y Director de Docencia e Investigación es el Dr. Roberto Iermoli" (comentario publicado en el Facebook de Fabiana Mastrángelo, con motivo de su exposición sobre los valores humanos del General San Martín y parte del ciclo cultural abierto a la Comunidad que lleva adelante la cátedra)


El comentario citado acompañó la siguiente foto pública que recibí con motivo de de la ocasión, con el enorme Dr Iermoli en el centro.



A continuación comparto también entrevista realizada en 2011 por la TV Pública argentina a Luis Hornstein respecto al desarrollo de la autoestima en la escuela. Los invito a observar por sí mismos cómo el terapeuta introduce el peso del entorno social en el desarrollo de la personalidad, además de lo bioquímico y lo familiar y donde las experiencias infantiles condicionan pero nunca determinan. Además de recordar el valor de los reconocimientos sociales adecuados para desarrollar la autoestima (aspecto abordado también por Karina Kaplan) así como de tener y mantener proyectos personales para superar situaciones difíciles.


                                         Luis Hornstein, médico y psicoanalista argentino

Tómense el tiempo para disfrutarla!!!

Primera parte:





Segunda parte:



Una mirada superadora es posible y somos muchos quienes trabajamos en ella.
                                                                                    Hasta la próxima amigos!!!

domingo, 6 de diciembre de 2015

Thor Heyerdahl y la hazaña del Kon-Tiki, por Vivina Perla Salvetti


                 Kon-Tiki, réplica del original, actualmente  en el Museo de Oslo

Mientras se está llevando a cabo la replicación experimental del viaje del Kon-Tiki, creo pertinente dedicar esta entrada a conocer un poco más al antropólogo Thor Heyerdahl (1914.2002) Por tal motivo comparto a pie de página un par de vídeos documentales breves que valen la pena, y a continuación la película realizada en 2012 sobre la enorme hazaña:


Como anticipamos la semana pasada, Kon-tiki fue el nombre de la balsa utilizada por el explorador noruego en su expedición de 1947 por el océano Pacífico desde Sudamérica hasta la Polinesia. El nombre de la embarcación se debía al dios solar de los incas, Wiracocha, de quien se decía que antiguamente había portado el nombre de «Kon-Tiki».

                                                  Thor Heyerdahl                                  

Heyerdahl sostenía que pobladores procedentes de Sudamérica podrían haber llegado hasta la Polinesia ya en tiempos precolombinos. El propósito de Heyerdahl era demostrar la posibilidad de que nativos suramericanos hubieran viajado a Polinesia por vía marítima, desde América del Sur, en balsas idénticas a la utilizada durante la expedición y movidas únicamente por las mareas, las corrientes y la fuerza del viento, que es casi constante, en dirección este-oeste, a lo largo del Ecuador. No obstante, la expedición dispuso de ciertos elementos como una radio, relojes, mapas, sextantes y cuchillos, aunque los mismos no fueran relevantes a la hora de probar que una balsa como la utilizada podía realizar la travesía.
La expedición Kon-Tiki fue financiada mediante préstamos, y contó con donaciones de parte del ejército de Estados Unidos. Heyerdahl viajó tiempo antes a Perú donde, junto con un pequeño grupo de personas y dentro del espacio provisto por las autoridades nacionales, se dedicó a la construcción de la balsa. Para ello, se utilizaron troncos de madera balsa y otros materiales autóctonos, y se mantuvo el estilo de construcción indígena tal como se observó en las ilustraciones dejadas por los conquistadores españoles.
La travesía comenzó el 28 de abril de 1947. Heyerdahl y otros cinco integrantes viajaron durante 101 días a lo largo de casi 7.000 km por el océano Pacífico, hasta llegar a un arrecife en el atolón de Raroia, en las islas Tuamotu, el 7 de agosto de 1947. Toda la tripulación llegó a tierra sana y salva.
El libro Kon-Tiki, que Heyerdahl escribió relatando las peripecias de la expedición, fue un best-seller y se tradujo a 66 idiomas, y la película que  filmó el mismo Heyerdahl durante la travesía ganó un Oscar al mejor documental en 1951.

Más expediciones en barcos antiguos
En 1969, para demostrar que los otros tipos de buques antiguos eran capaces de transportar personas a través de los vastos océanos, Heyerdahl y un equipo internacional de siete cabezas oeste viajaron a través del Atlántico desde Safi, Marruecos, en una barca de papiro de 50 pies realizada según antiguo diseño egipcio, llamada Ra en honor del dios egipcio del sol.

                                    Heyerdahl frente al Ra II desde Marruecos

Después de cubrir 2.700 millas en ocho semanas, el Ra se encontró anegado en una tormenta y tuvo que ser abandonado a 600 millas de Barbados en las Indias Occidentales.
Sin desanimarse, Heyerdahl y su tripulación zarpó de nuevo desde Marruecos en un nuevo barco de papiro de caña llamado Ra II en 1970. Ellos completaron con éxito el viaje de 3.270 millas náuticas a Barbados en 57 días.
Heyerdahl también organizó y dirigió un tercer viaje, a bordo de un barco de caña tipo sumerio llamado el Tigris, viajando desde Irak hasta el Mar Rojo en 1977 para demostrar la posibilidad de contacto entre las grandes civilizaciones antiguas de Mesopotamia, el valle del Indo y Egipto.
Su proyecto final y más ambiciosa le llevó a Azov, una ciudad rusa en el delta del río Don.

Para ayudar a financiar sus diferentes proyectos, Heyerdahl escribió muchos libros populares, incluyendo "Aku-Aku: El Secreto de la Isla de Pascua", que narra la expedición arqueológica 1955 en la Isla de Pascua, la isla de la Polinesia más cerca de América del Sur.
Aunque recibió numerosas medallas de oro de las sociedades geográficas y antropológicas de todo el mundo, así como 11 doctorados honoris causa, Heyerdahl sus proyectos siguieron alimentando la polémica respecto de la capacidad marítima de pueblos antiguos.
“Creo que era básicamente un aventurero, alguien que buscaba apasionadamente aumentar la comprensión del pasado y estaba dispuesto a participar en todo tipo de formas no tradicionales para sostener una teoría” dijo una antropóloga de Yale que se reunió Heyderdahl varias veces.
Lo que sigue siendo cierto es que muchos científicos aún se muestran escépticos de la teoría de Heyerdahl sobre la posibilidad que antiguos sudamericanos que habrían llegado en balsas a la Polinesia

Kon Tiki documental histórico

Una Película (disponible en la web)  registra cómo era la balsa Kon Tiki diseñada según crónicas españolas del siglo XV y probada eficazmente por  Thor Heyerdahl en 1947.




La balsa original fue posteriormente trasladada al Museo Kon-Tiki de Oslo, Noruega. 



También recomiendo que ingresen al siguiente vídeo que logra describir en pocos minutos la hazaña del Kon-Tiki



                           Bueno, habiendo llegado hasta aquí,
                                                            me despido hasta la próxima aventura!!!



lunes, 30 de noviembre de 2015

Kon Tiki, hacia mares de leyendas. por Vivina Perla Salvetti


Muchas veces me pregunto por qué las historias de viajes vienen fascinando a generaciones desde hace siglos. Quizás nos atraigan porque desde que aparecimos como especie en la tierra necesitamos migrar sobre ella hasta alcanzar y superar límites insospechados en busca de algo tan elemental como el sustento cotidiano, en lugar de lamentarnos esperando la muerte por permanecer en un espacio que no ofrece oportunidades. Emprender el duro viaje a tierras desconocidas no representa una decisión sencilla, y para mí constituye toda una demostración de coraje, valor y autosuficiencia, aunque muchos civilizados desde hace siglos consideren como atrasados, molestos o hasta delincuentes a pueblos que procuran vivir para forjarse un destino mejor.
Por la misma razón solemos olvidar que historias y leyendas de este tipo alimentaron la imaginación y fortalecieron la identidad de quienes las escuchaban junto al calor del fuego desde hace muchísimo tiempo. Y cuándo hace relativamente poco los humanos decidieron asentarse en un territorio y dar inicio a la civilización, las historias de viajeros y exploradores nos siguen recordando el valor y la habilidad de quienes se atreven a dejar las comodidades de un sitio seguro para expandir las fronteras del conocimiento.

Por lo tanto, es un placer compartir con ustedes la noticia que recibí del grupo de arqueólogos del Perú. Hace pocos días, zarpó del Callao una nueva expedición Kon-Tiki integrada por dos balsas  como las utilizadas durante el Imperio Inca y realizadas conforme a parámetros de la arqueología experimental. Durante unos cinco meses, las balsas Túpac Yupanqui y Rahiti Tane navegarán más de 5.000 kilómetros, la primera con destino a Polinesia y la segunda hacia la isla de Pascua.
El nombre del emperador inca Túpac Yupanqui fue elegido para una de las balsas porque las crónicas españolas del siglo XV refieren que el emperador llegó a la Polinesia, por lo que el viaje busca demostrar que es posible replicar la hazaña con balsas que en esta ocasión incluyen timones de madera de similares características a los descubiertos recientemente en sitios precolombinos.
La expedición se encuentra a cargo del noruego Torgeir Higraff. Además de procurar demostrar una vez más las habilidades de navegación alcanzadas por pueblos antiguos, se propone relevar datos sobre el estado del océano Pacífico en el viaje a Polinesia una y a la isla de Pascua la otra en el marco de la 22° Convención de la ONU sobre el Cambio Climático.
“Es la primera vez que una expedición hará este trayecto, que incluye la ruta de retorno, porque queremos ver cómo podían navegar los antiguos peruanos contra el viento en condiciones muy simples”, aseguró la noruega Kari Dahl, capitana de 36 años del Rahiti Tane (Sol Naciente), que zarpó hacia la isla de Pascua.


El legado de la balsa Kon Tiki
En 1947, Thor Heyerdahl, aventurero noruego y etnógrafo, junto a su equipo abandonaron el puerto de Callao en una balsa hecha por ellos mismos. Navegando a través del Pacífico, trataron de demostrar que era posible el contacto marítimo entre la Polinesia y nativos prehispánicos de América del Sur.
Heyerdahl también quería demostrar que las antiguas culturas de América Latina eran más sofisticadas en el mar de lo que dictaba la opinión convencional. Navegando hacia el oeste con la corriente de Humboldt, la expedición Kon-Tiki llegó a su destino después de más de 100 días en la extensión de agua que cubre un tercio del mundo.
En 2006, 60 años después, Higraff  a cargo de la  expedición Tangaroa emprendió el mismo viaje,  llegando a la Polinesia en 30 días menos. Ahora, en 2015, Higraff lo hará una vez más, pero esta vez con dos balsas. Además del destino a Polinesia y la otra irá también a la Isla de Pascua y ambas emprenderán la vuelta.
Al igual que en la expedición inicial Kon Tiki, la Armada Peruana ha dado un considerable apoyo al proyecto mediante proporcionar el SIMA (Servicios Industriales de la Marina SA) como  espacio para construir las balsas. 
La Marina de Guerra del Perú también ha dado cabida a los miembros de la expedición y los muchos voluntarios de la Escuela Naval en La Punta.




Timones incas al mando
Entre las expediciones de Heyerdahl y las de Hagriff surgió un hallazgo notable. Arqueólogos y antropólogos descubrieron que los tablones de madera que encontraron en diferentes ruinas incas y pre-incas eran de hecho primitivos timones, conocidos por los nativos como Guaras.
Con la incorporación de estos timones en el diseño de las balsas se busca demostrar que los navegantes prehispánicos lejos de limitarse a “dejarse llevar” por las corrientes marinas contaban con capacidad de maniobra sobre el mar.
Por lo tanto, durante el viaje de regreso las balsas incorporarán de modo experimental las Guaras para navegar contra el viento. Si tienen éxito, van a demostrar que las culturas latinoamericanas prehispánicas pudieron haber navegado libremente los mares.

                                    El equipo a cargo del proyecto de investigación, a pleno
Navegando por la ciencia
Esta expedición es notable también por otra razón.
Además de incorporar a una mujer como capitana para una de las balsas, la expedición cuenta con Cecilie Mauritzen, oceanógrafa noruega especialista en cambio climático y a cargo del equipo de investigación científica.
Bajo su mando, los equipos medirán la contaminación en el océano y estudiarán cómo el cambio climático está afectando a los mares. Esto implica la medición de temperaturas, de oxígeno, de dióxido de carbono y los niveles de microplásticos disponible en los océanos.
Los buques de investigación rara vez atraviesan esta parte del Pacífico; por tanto, la segunda expedición Kon-Tiki se encuentra en una posición privilegiada para hacer descubrimientos únicos con respecto al estado del océano más grande del mundo.
Como mencioné al principio, estos descubrimientos se realizarán simultáneamente con la 22ª Convención de la ONU sobre el Cambio Climático. Desde finales de noviembre a diciembre, el mundo va a tratar de lograr un acuerdo universal y vinculante sobre el clima. Por tanto, la expedición ayudará a poner los océanos en la agenda de la ONU, algo que precisa desesperadamente considerando que los océanos del mundo no tienen representación permanente en dicho organismo.

Agradezco tanto  el material como las imágenes proporcionadas por el grupo de arqueólogos del Perú que hicieron posible compartir esta información con ustedes.

Para el seguimiento del viaje vía internet los invito a la página oficial  del Kon-Tiki II

lunes, 23 de noviembre de 2015

¿"Hecho" el cuento? o ¿"Echo" el cuento? Oralidad, narradores y cuenteros, por Vivina Perla Salvetti


No se anticipen amigos, las preguntas del título no remiten a una posible falta de ortografía.

La entrevista realizada al cuentero venezolano –como a él le gusta que le digan- Luis Cedeño se presenta como la ocasión ideal para reflexionar cómo términos conocidos aún en un mismo idioma pueden estar acompañados a significados absolutamente diferentes.

Como muchos de ustedes ya conocen, nací y pasé todita mi infancia en Venezuela, lo suficiente como para considerarla la patria de mis recuerdos y donde suelo viajar en sueños cuando necesito de fuerza de ánimo para enfrentar determinados embates de la vida. Mis amigos venezolanos entonces no me dejarán mentir cuando refiero que en Venezuela “echar el cuento” tiene una connotación bastante diferente a lo que se conoce aquí en Argentina como “hacer el cuento”, algo que además arroja un poquito de luz sobre las preguntas del encabezado.

Por otra parte, los estudiosos de la tradición oral reconocen que muchas veces durante la transmisión de un cuento el emisor lo hace suyo, tan suyo que introduce modificaciones, interpreta significados o crea una variante, porque el relato oral es abierto, “para que quien pueda añadir o enmendar si quisiese” pueda continuar en la co-creación, según invitaba Juan Ruiz, Arcipreste de Hita (1283-1350) y autor del Libro del Buen Amor obra maestra medieval.

            


Algo de ese significado abierto y subjetivo propio de la tradición oral podemos encontrar en la  frase “Te echo el cuento” que forma parte del habla cotidiana de los venezolanos. Es utilizada para describir o relatar algún hecho o situación, donde el emisor  quiere dejar bien en claro que se trata de su versión de las cosas, cómo él la ve y sobre todo, cómo las cree.

En cambio, aquí en Argentina, toda referencia a cuento, inexorablemente se relaciona con inventos, fabulaciones o engaños. Este significado del término cuento es utilizado en frases como  “el cuento del tío” o simplemente “le hizo el cuento”, para referirse a que alguien perpetró un engaño con malicia.
Quizás este significado argentino del cuento vinculado al engaño, al menos para mí, esconde la razón para que los llamados cuentacuentos locales se esfuercen por apegarse al texto escrito para no apartarse ni un ápice de él. El cuento argentino, según parece, quedará redimido de su halo maldito en la medida que se ajuste al texto escrito debidamente autenticado.

Pero yo me crié en Venezuela, y quizás por eso me gustan más las continuidades con las tradiciones de transmisión  oral.  Para mí, aunque viva en Argentina, contar un cuento cualquiera requiere conocerlo, respetar su argumento general, pero atreverse a digerirlo y elaborarlo lo suficiente como para conectarse con las emociones propias que uno quiere volcar ante un público eventual. 
Entonces y solo entonces uno “echa el cuento” tal como le sale de las tripas, y los oyentes podrán estar seguros que si bien el relato no resulta un calco del original, los sentimientos vinculados al mismo son auténticos y reales. Como antropóloga me conmueve imaginar que contar historias junto al fogón formó parte de la experiencia que nos hizo humanos miles y miles de años antes que se inventara la escritura, cuando el cuerpo tenía permiso para expresar sus temores en entorno seguro. Con mis recuerdos a cuestas procuro recrear una atmósfera particular, y me siento satisfecha cuando algún amigo me interrumpe para hacer una pregunta sobre el relato que toma como verídico, como si le costara creer que se trata de un cuento.




Bueno amigos, espero que luego de exponer sucintamente esta diferencia entre “hacer el cuento” argentino y “echar el cuento” venezolano puedan entender y disfrutar un poco más lo que opina Luis Cedeño al respecto.
La entrevista original fue realizada para el diario venezolano Notitarde, el 19 de abril de 2008.


“Fundamentalmente vivo porque a eso he venido”


"Nací en 1953. Tengo cincuenta y cinco años. Me gusta nombrar que nací en un barrio. Me gusta decirlo por lo que pasó ahí conmigo. Cosas muy bellas. Fui feliz allí. Estudié en la escuela La Salle, la gratuita. Lo acentúo porque también pasaron cosas bellas allí. Conocí la de Guaparo y me gustaba la gratuita. Los religiosos. Mi mamá un día me tomó por la mano y me dijo: "Usted va para la Normal "Simón Rodríguez" a estudiar para maestro". Me gradué y soy maestro. Me gustan la bicicletas de reparto y tuve una. Me gustó atender una bodega y la atendí. Me gusta barrer patio y mi casa tiene uno. Quise tener un maletín viejo, de médico, para echar cuentos y mi hermano me lo consiguió. Estudié en la universidad, pasé por ella y me gradué. Soy esposo de Marlene y papá de Surrú y Mariana. Me gusta decir que soy maestro más que licenciado. Complací y complaceré gustos de la vida. He andado como a mí me gusta andar. Fundamentalmente vivo porque a eso he venido".

De esta forma se presentó Luis Cedeño cuando se le pidió que resumiera su curriculum para esta entrevista tras treinta años como Cuentacuentos, aunque el gusta que le digan Cuentero. Ganó el premio del concurso de cuento radial Panchito Mandefúa, de la Casa de las Letras patrocinado también por la radio universitaria 104,5 FM con la historia "Radio Cuento".

Para escribirlo le pidió a su esposa que le prestara el espacio de la cocina por una tarde. Allí acomodó los peroles e improvisó una emisora. Puso la mesa en el centro y en el medio colocó la licuadora que cumplió el rol micrófono. Después de actuarlo lo escribió.

¿Cómo fue esa vivencia trasladada al papel?
En el traslado de la palabra a la literatura hay un espacio de tiempo, unas normas de orden gramatical y un tiempo para el dibujo de las letras que hace que no seamos exactos.

¿Cuál es la diferencia entre el cuenta cuentos y el cuentero?
El cuenta cuentos, por lo general, busca los cuentos en libros. Los lee, les hace alguna modificación y los echa. Siempre les va a incorporar algo que tiene el cuerpo. Yo nunca he podido contar un cuento así. Me sé muchos cuentos de esos porque soy un lector. Yo lo que puedo hacer es conversar sobre cuentos que he leído, contar su historia, su anécdota. Yo voy haciendo cuentos... Y también me nutro de lo que oigo, en las camionetas. Escucho unas cosas que superan tanto la imaginación que es allí cuando comienzo a armar hasta que creo que están listos para contarlos a los demás. Primero tengo que convencerme a mí mismo para que los que me escuchen lo gocen. Mi vanidad  -porque creo que la tengo- se llena cuando alguien se me acerca y me hace una pregunta racional sobre alguna de las historias que he contado.

¿Qué cuento se le ocurre?

Un hombre que tenía dos orejas muy grandes. La oreja izquierda era como del tamaño de una sala de conferencias. Eso es lo que yo recuerdo. Y la oreja derecha como del tamaño del edificio de Notitarde. Ese hombre, sentado frente a su casa, cuando soplaba el viento, la cabeza le daba a un lado y otro, de acuerdo a como soplaba el viento, por el tamaño de las orejas. Unos niños que lo vieron se le acercaron y le preguntaron si escuchaba por la oreja izquierda.
El dijo que sí.
-¿Y qué oye?- le preguntaron.
-Estando, por ejemplo en San Diego, puedo oír lo que están hablando en la plaza Bolívar de Maracay.
Todos los niños se le encaramaron arriba, se le pusieron cerca de la oreja y escucharon hasta los perros ladrando de la plaza Bolívar de Maracay. 
Entonces, otro niño le dijo: “Y si usted oye tanto por qué no escucha lo que hablan en la plaza Bolívar de Caracas”.
El dijo: “Sí, lo oigo”.
Puso la oreja hacia Caracas y escucharon él y los niños lo que allí ocurría. 
Otro niño llegó y le dijo “¡Ah! usted se la echa señor¿Por qué usted no escucha lo que hablan en la China?”.
Entonces el hombre le dijo: “Sí, lo escucho. Búsquense una guafas y unos mecates”. Los niños bajaron, se montaron de nuevo; le amarraron la oreja, la templaron y pusieron la oreja hacia un cerro. El les dijo que del otro lado quedaba la China. Así escucharon muchas voces de chinos que no entendieron.

-¡Señor! ¿Y por la oreja derecha que es más grande?
-Por esa yo no oigo nada.

De esta forma Luis Cedeño va diciendo que a los niños se les ocurrió hacer un conuco, sembrar caraotas, ají y pimentón; después idearon un río que saltó con agua clara; una casa, un hombre y una mujer que se dieron un largo beso que abrió las ventanas y las puertas para dar paso al aire y a los pájaros y los muchos niños que llegaron rompiendo la soledad.

¿Lo acaba de inventar?
No, lo he echado, pero los cuentos que se echan son libres y adquieren una atmósfera. Ahorita, lo he echado, y no sé por qué, con nostalgia. Se mantiene una esencia que es "lo no dicho", que es lo que uno percibe de una palabra aunque ella no lo denota. Lo que perdura es la esencia, lo demás son formas, gestos, recursos que se usan, que pueden cambiar.

¿Dónde le nació el oficio de cuenta cuentos o cuentero?
Se inició en la escuela rural de Güigüe donde trabajé.

¿Era consciente de su don?

No. Yo estaba dando clases y estaba contando los cuentos de lo que ahora sé que se llama recurso pedagógico. Yo me doy cuenta de eso después. En el momento yo estaba contando los cuentos correlacionados con el contenido programático. En los recesos los niños me pedían que les echara algunos cuentos y lo hacía. Así comencé. Pero se dio la relación que empezaron a decir “el maestro Luis cuenta cuentos, si quieren lo llaman y lo invitan”. De esta forma me llevaron a algunos lugares y empecé a contar lo que me sucedía en clase, con mis alumnos. Hubo un momento, no sé cuál, en el tiempo, que soy un cuenta cuentos.

¿Cuándo empezó a agregar objetos a sus cuentos?

Toda mi vida he sido muy escenográfico. Toda mi vida me ha gustado usar sombrero y cargar cosas en el cuerpo. Cuando quiero contar, el cuento me consigue con la escenografía. Entonces yo la incorporo.

¿Disfruta echar cuentos o ver a la gente escuchándolo?

Cuando me olvido del espectáculo comienza el goce, el cuento en el que creo cuando lo echo, nunca dudo, y cuando veo al público atento a mi actuación, siento que el cuento hace que yo me ponga al servicio de él, porque él requiere de mí y yo no puedo traicionar el cuento. Hay un acto como mágico.

Lo disfruto y el público aplaude, aunque a veces se queda reflexivo. Me gusta cuando la gente se olvida del esquema ese de aplaudir apenas termina una actuación. Si alguna vez hago teoría sobre la oralidad comenzaré por allí, sobre esa conciencia que despierta el cuento y la palabra.



                                                                                  Hasta la próxima amigos!


martes, 17 de noviembre de 2015

La Antropología Médica Crítica y Eduardo Menendez



Antropología médica clínica y antropología médica crítica ¿Cuáles son sus  similitudes y sus diferencias?
Tanto esta entrada como la anterior están dirigidas a ofrecer respuestas orientativas a partir de la mirada de dos profesionales con larga experiencia, uno médico y otro antropólogo.
En la entrada anterior tuvimos oportunidad de conocer al médico y profesor de historia y epistemología Federico Pérgola, quien como señaláramos oportunamente, ha desarrollado una mirada particular sobre la Antropología Médica pero en su corriente Clínica, en tanto dirige sendas elaboraciones teóricas sobre la necesidad de humanizar la relación médico-paciente, tan desvalorizada por la biomedicina actual.
Con respecto a la Antropología Médica Crítica,  comparto con ustedes el enlace de un artículo fundamental escrito por el antropólogo argentino Eduardo Menendez, residente en México y pionero en esta especialidad de Antropología Médica en su corriente Crítica.  
El mismo se encuentra seguido de una breve reseña que hice de un artículo escrito en 1996 por el mismo autor, cuando critica la noción engañosa de responsabilidad individual respecto de la elección del llamado “Estilo de vida” por tratarse de algo imposible de aislar del contexto socio-histórico de los sujetos.

Menendez ha desarrollado un modelo devenido ya en clásico que le ha servido para describir la hegemonía del saber biomédico así como la consecuente reacción anti-hegemónica por parte de  individuos considerados subalternos, lo que le permite aplicar  los conceptos de Gramsci referidos a diferentes procesos tradicionales de autocuración a los que saberes biomédicos no confieren validez alguna

Recordamos que Gramsci propuso que a partir de los saberes propios, inclusive modificados por los saberes hegemónicos, las clases subalternas pueden generar no sólo propuestas de resistencia sino contrahegemónicas, en particular a nivel de los aspectos más sencillos y reiterados de la vida cotidiana. 
Menendez clasificó así  los procesos sociales como una dialéctica  hegemónica-contrahegemonica de salud-enfermedad y atención-prevención que se caracterizan por ser parte central y constante de la vida cotidiana y claramente dependientes del contexto socio-histórico donde se hallan insertos.


Comparto entonces a continuación el sitio on line para descargar el PDF del trabajo de Eduardo Menendez “Antropología Médica. Una genealogía más o menos autobiográfica” que fuera publicado en la Gazeta de Antropología durante 2012:





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Reseña del artículo de E. Menendez (1996)
“Estilos de vida, riesgos y construcción social. 
        Conceptos similares y significados diferentes

El reconocimiento de la complejidad de los problemas considerados prioritarios por la epidemiología, tales como el control de la natalidad, la desnutrición o la mortalidad infantil condujeron a la necesidad de articular las ciencias médicas y las sociales para favorecer un abordaje realmente estratégico
Menendez recuerda que Mosley en 1988 recomendaba la necesidad de incorporar estudios antropológicos para identificar las variables críticas de interés. Sin embargo, a continuación reconoce que antropología y medicina constituyen profesiones diferentes, con campos de producción y aplicación de conocimiento diferenciados y con objetivos diferentes.
Sin embargo aunque Menendez pasa a describir los campos de convergencia entre ambas disciplinas, también reconoce que  se pueden hallar diferentes grados de conflicto que pueden llegar a un franco antagonismo entre los abordajes de la epidemiología y la antropología.
Concluye que si bien ambas disciplinas proponen una concepción multicausal de los problemas sanitarios, la epidemiología coloca el eje en lo biológico, y la antropología en los factores socioculturales, por mencionar solo uno de los aspectos que Menendez integra en el análisis y dificultan la comunicación interdisciplinar.
Como ejemplo de un concepto que remite a las condiciones de vida como causal de padecimientos, el de Estilo de Vida es el que más se ha utilizado por parte de los sanitaristas.
Sin embargo, Menendez nos recuerda estudios que reconocen la incidencia ambiental, en particular del tipo de ocupación laboral sobre el estilo de vida. Critica el modo en que la aplicación biomédica “extrajo” el padecimiento individual del contexto y los constreñimientos sociales donde se desarrolla, e insiste en la capacidad del sujeto para elegir un estilo de vida responsable.
El excelente recorrido que hace Menendez lo lleva a concluir que “Lo que el concepto de estilo de vida nos permite en términos holísticos es entender el comportamiento de un fumador o un alcoholizado en función de su pertenencia a un determinado sector socio-cultural.” La reducción  de hábitos como el fumar o consumir determinadas sustancias en sectores medios o su persistencia en sectores bajos no alcanza entonces a ser explicada a nivel individual, aisladas del contexto socio económico particular.
Colocar en el estilo de vida del sujeto la responsabilidad de su enfermedad constituye una variante de la denominada Violencia Estructural que conduce a  la “culpabilización de la víctima”. 
No solo coloca la responsabilidad de problemas como la desnutrición (o hasta las enfermedades producidas por aplicación de agrotóxicos) en el individuo, mientras reduce correlativamente la responsabilidad de las empresas en la prevalencia de  las diferentes enfermedades. 
El riesgo es colocado exclusivamente en el sujeto como un ser libre, con capacidad para fumar o no fumar, o exponerse o no a determinadas sustancias tóxicas. Menendez nos interpela con la cuestión de definir quién es realmente libre y se encuentra en condiciones de elegir. 
¿Quién puede elegir libremente su trabajo? ¿Quién tiene la posibilidad de elegir un alimento de alta calidad nutricional, cuando se encuentra restringida su capacidad de compra  y lo sustancial no es la capacidad de elegir sino la capacidad de comer?
En última instancia, el concepto de estilo de vida debería quedar limitado a los sectores sociales que cuentan realmente con capacidad de elegir.



                           "Las enfermedades no son solo padecimientos" (Sup.)
  Entrevista que sintetiza algunos de sus principales aportes en Antropología Médica 


A pie de página, se comparte un vídeo de youtube  con el audio de la conferencia dictada por E.Menendez en el Salón de Actos de nuestra querida  facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, donde se graduó hace décadas y con motivo de celebrarse los 50 años de la creación de la carrera de Ciencias Antropológicas en 2008.
En esta conferencia histórica, Eduardo Menendez recuerda sus años de estudiante y la presentación en 1958 del programa inicial de estudios de una carrera en ciernes. Para quienes solo conocimos de oídas a personajes como M. Bórmida o R.Cortazar, resulta valioso escuchar de primera mano cómo son recordados por graduados ilustres de nuestra facultad.
La conferencia comienza en el minuto 2, precedida de los sonidos de la sala de actos
Así que un poco de paciencia.
 Vale la pena escucharlo hasta el final



Espero que hayan disfrutado del recorrido
Hasta la próxima!