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domingo, 19 de abril de 2015

mis Notas de Campo Informe Final - por Vivina P.Salvetti

Esta entrada decidí  realizarla con el propósito de darle un broche a la publicación en el blog de mis notas estudiantiles de Campo y porque si he de ser sincera, no creo volver a sentarme para completar el pasaje a la compu de los registros faltantes escritos con la Olivetti.
En cambio, creo que puede resultar ilustrativo para aquellos curiosos respecto de qué es lo que puede  investigar el antropólogo practicante,transcribir las notas que confeccioné para desarrollar el informe final  a casi un mes de terminada la cursada. 
Las profesoras experimentadas de la cátedra no cesaban de insistir en que solo el tiempo y la relectura constante de nuestros propios registros nos iban a permitir obtener una  imagen adecuada del modo en que se vinculan los diferentes grupos con los que estuvimos  en contacto durante el campo.
Puedo acordar con tal perspectiva. 
              
Definitivamente, la cultura fast no interviene en este “darse cuenta”.  

A continuación  transcribo mis conclusiones a partir del registro  de Campo.




Informe Final de mi Trabajo de Campo

Aportes metodológicos
  Enfoques:
              
            Comprensivo:       doble hermenéutica
            Reflexivo:           Hermenéutica  sobre notas de campo ( leer /escribir y releer/reescribir)
                                             Reflexivo en tanto reflejo (Etnometodología)    Implicación  antropólogo
                                                                                                Ver reglas  juego local
Cualitativo:         interacción teoría/práctica de campo

Método utilizado          Observación- Participación con Implicación reflexiva

Campos de trabajo:          Grupos para conservación de especies en peligro
                                                 Grupos para reinserción social
                                                 Grupos de terapia  mediante animales (zooterapia)



Pertinencia antropológica: 
Tradición clásica: Identificaciones totémicas como organizadores de lo social (Dukheim/Mauss)
                                         Representaciones simbólicas del mundo animal

Antropología médica:        Responsabilidad social en la definición/remisión de patologías
                                                  Distintos modos de comunicación (Bateson)
                                                      Particularidades  culturales del lenguaje no verbal (Birdwhistell)

Supuestos Iniciales:      Vínculo con animales es sanador
                                              Rehabilitación desde la reflexividad (reconocerse en)
                                               Animales como  actantes  (según B. Latour)

Pregunta inicial:
                    ¿Cómo se vinculan pacientes y animales durante el proceso de rehabilitación?
                        Tal  Interacción ¿es simétrica o Asimétrica?

Comunidad de Zooterapia
               Luego del T.C     Emergencia tres subgrupos con diferentes procesos de identidad grupal

  Comunidad Terapéutica           Profesionales,  desde diferentes disciplinas
                                                     Pacientes: interacción con terapeutas y con animales
                                                     Entrenadores y cuidadores de animales  para terapia



Reformulación pregunta inicial:
¿Cómo se vinculan entres  los miembros de una Comunidad Terapéutica?

Categorías de Análisis:     Procesos de identidad de Grupo  /  Metacódigo

Conclusiones:
Grupo profesional:    Exclusión  inicial mediante “confabulación grupal”
Grupo Entrenador/cuidador:      Construcción identidad diferenciada con académicos
                                                         Prioriza práctica sobre teoría
                                                               Uso Diacríticos


Falta mencionar en el esquema que otra de las revelaciones respecto del modo diferenciado en que se vinculan los diferentes grupos tuvo que ver con  el contraste entre el modo elegido de interactuar:
 -Por parte de los cuidadores a cargo de los Condoritos (cuidar sin interactuar con los animales)
-Por parte de los entrenadores de zooterapia  (entrenar  animales sin interactuar con pacientes)

Esto último condujo a la siguiente conclusión:

.Todo animal que participa en alguna terapia específica requiere de su entrenamiento específico

.Nunca la adecuada intervención terapéutica animal resulta espontánea,
                                                                        
.Siempre resulta socialmente condicionada                     

Por otra parte, y a modo de conclusión final, recordamos que la eficacia de la reinserción del Cóndor a su medio nativo dependía de que sus cuidadores humanos se mantengan invisibles.(Mis notas I)

De una manera similar, la Zooterapia  requiere de un acercamiento del paciente con el animal entrenado que soslaye el entrenamiento realizado por individuos especializados, y cuya tarea requiere invisibilizarse si se ha de obtener un vínculo terapéutico  eficaz.   

Con esto doy por concluida las transcripción a mis notas personales de campo

Abrazos y espero que resulte útil para otros

viernes, 17 de abril de 2015

Mis Notas de Campo III por Vivina P.. Salvetti


Tercer Registro de Campo
Palabras introductorias
El relato que sigue incluye unas reflexiones metodológicas insertadas sobre  el relato original,  motivadas por el ejercicio  de relectura del mismo varios años después de su realización.
Junto con la necesidad de volcar estas reflexiones, me vienen a la mente las recomendaciones de una de las profesoras a cargo de los masivos teórico-prácticos de la Cátedra. Hace falta mucha relectura y reescritura de los registros sumado a darse el  tiempo necesario para hacerlo y lograr así identificar claramente el modo en que los grupos construyen su identidad mediante las particularidades de  relaciones  dadas al interior y entre los grupos observados.
Varios años después, pude corroborar que tenía razón y es el motivo que me impulsó a completar algunos datos faltantes y  dejar otros pendientes para compartirlos más adelante.

Registro de Campo N°3
Situaciones Registradas
     Observar entrenamiento de  perros y caballos para terapia
     Observar y participar en rutinas de cuidado de animales
Duración: Quince horas
   
 Cambiar de Caballo a mitad del río
Concluido el intento para relevar datos en el ámbito del Zoológico, tuve que buscar un nuevo referente empírico que me permitiera continuar con  la propuesta inicial, con todos los inconvenientes que implicaba a mitad de la cursada.
Como mis intereses giraban en torno a los efectos diferenciados sobre individuos derivados del trato interactivo con animales, mi primer paso consistió en navegar por Internet para conocer otras instituciones que se valgan de animales como ayuda en diferentes terapias, entre las más conocidas que se cuentan está la Equinoterapia, o terapia ayudada por  caballos.
Entre los requisitos que la institución elegida tenía que satisfacer se encontraba el factor de la distancia razonable, cosa para sostener las visitas en el tiempo que me quedaba hasta fin de año. No cuento con medio de movilidad propio aparte de mi bicicleta, y varias de estas instituciones se encuentran a considerable distancia de mi casa y las rutas conocidas. Sin embargo, debo reconocer que también abordé la búsqueda web con cierto requemor  de solo pensar en justificar nuevamente mis intenciones reales ante un desconfiado y cerrado grupo terapéutico.
Después de una ardua búsqueda descubrí una institución  a la que podía acceder fácilmente mediante los medios de transporte público. Se trataba de una institución que ofrece Equinoterapia para rehabilitación de diferentes patologías, pero sinceramente no estaba dispuesta a seguir perdiendo tiempo tratando de conseguir un permiso que difícilmente iba a conseguir. Además, los plazos de la Cátedra para entregar los registros a tiempo se mantenían sobre mi cabeza como la espada de Damocles.
Por fortuna descubrí que en esta misma institución, los días lunes ofrecían clases de Equitación debido a que era el día de descanso para los tratamientos de Equinoterapia.  Pero además y tal como supe después, a los caballos hay que cuidarlos y entrenarlos todo el tiempo, así que se aprovecha el espacio institucional para entrenar y ejercitar los animales que posteriormente serán utilizados en la Equinoterapia, y hacia el anochecer el mismo avezado entrenador ofrecía un curso para entrenar  perros domésticos.
 El entrenamiento en Equitación de carácter público y al que se accede pagando la entrada correspondiente  se encontraba vinculado con mi tema general y me permitía un ingreso para observar las actividades sin tantas complicaciones. Fue así que caí en la cuenta que no se me había ocurrido pensar en este grupo de personas especializadas en entrenamiento  animal.
Con el fin de tantear el terreno, decidí acercarme al lugar durante la tarde, en el horario que se dedican a entrenar perros domésticos. Con todos mis temores a cuestas me dirigí a las dependencias dedicadas a tal fin.

Aprender a no meter la pata
Si bien la página de internet informaba la dirección de la institución, de la que me fijé en mi vieja guía de planos (En esos años no se contaba con el masivo GPS), una vez arribada en la zona me dí cuenta que imprudentemente no había anotado la dirección exacta.
Me vi obligada a dar varias vueltas en el lugar, preguntar a personas que caminaban circunstancialmente sobre el sitio, hasta que dí con un portón de hierro que conducía a una callejuela con ripio en cuyo lateral izquierdo se asomaban los muros y las ventanas del lugar.
Hacia el final de la calle se extendía una pequeña rampa de metal co su correspoondiente baranda  que conduce a una antigua puerta de hierro de doble hoja, vidrios translúcidos y un altísimo umbral. Al costado de la puerta un único y discreto cartel de madera con el perfil de un caballo rezaba “Equinoterapia”
Respiré hondo y entré.
La puerta de hierro permite el acceso a un espacio alargado que parece una especie de bar, con una pequeña mesada y cocina al costado derecho. A la izquierda, una pequeña heladera de puertas transparentes pone a disposición del público diferentes bebidas gaseosas.
El sitio está vacío aunque con las luces prendidas. Me llama la atención un armazón de caño de hierro doblado, que simula un caballito estilizado.Sobre su lomo,una montura con las siglas de la institución.
Una enorme cartelera de dos metros por uno uno y medio sobre el costado izquierdo a la puerta de ingreso, reúne una serie de fotos de diferentes etapas del lugar. Grupos de fotos históricas, del momento que se adecuó la antigua edificación para su apertura con fines de equinoterapia. Posteriormente me enteré que eso ocurrió en el año 1977, en una época en que la terapia con animales no tenía la difusión que tiene ahora, y lo que convierte a su fundador en todo un referente sobre el tema. Completaban la galería de fotos imágenes de diferentes convenciones, fotos de los chicos haciendo terapia, así como afiches que anuncian una próxima jornada sobre “Patologías del tubo neural” a realizarse en otro lugar.
Sobre una de las paredes, una serie de estantes acomodan varios cascos de equitación de diversos tamaños.
Distribuidas en el espacio iluminado pero inhabitado, varias sillas y mesas de madera.
Sobre una de las paredes posteriores, una pequeña puerta de madera conduce a un espacio también pequeño de juegos terapéuticos, muñecos inflables, pelotas de diversos tamaños y dibujos infantiles en paredes con grandes y enormes ventanales. Este espacio para juegos también se encuentra vacío.
Continúo caminando hacia el fondo en este espacio que parece habitado solo por mis propios fantasmas hasta que me llegan ecos de voces a medida que sigo avanzando, por lo que continúo caminando hacia el fondo hasta encontrar un grupo pequeño de personas  con sus perros  y reunidas en ronda, siguiendo las intrucciones de un individuo de unos sesenta años y contextura mediana.

Mascotas aprendiendo
Me quedo parada de lejos, para no interrumpir (se me había hecho bastante tarde dando muchas vueltas antes de encontrar el lugar). Mientras tanto, observo no solo cómo el entrenador da sus indicaciones, sino cómo responden las mascotas y sus dueños.
Entre los participantes hay un jovencito de unos catorce años con un enorme Golden Retriver que no deja de observar a su amo ni por un momento, y obedece.
Un señor mayor en cambio, trata de  mantener sujeta a una ovejera bastante inquieta.
Una joven con un “puro perro” que parece contar con muchos años, sin embargo ( y fue lo que me llamó la atención) aprende y sigue las órdenes igual o mejor que los otros.
Luego de estar un rato de pie en el umbral, pretendo acercarme a unas personas que estaban sentadas observando y obviamente forman parte del grupo. Digo que pretendo porque el entrenador me dirige una mirada y un gesto firme con la mano, al que sigue “Espere allí. Estoy con los perros.” Permanezco parada donde estoy e inmediatamente dio permiso para un descanso  y  “para que los animales salgan a hacer pipí”
Aproveché el intervalo para acercarme y presentarme ante el entrenador y además de disculparme por  interrumpir su clase. le explico el propósito de mi visita. Trato de explicarle que estoy haciendo un trabajo para la facultad, que me gustaría observar las actividades de entrenamiento de caballos que hace los lunes, que estudio antropología y me gustaría entrevistarlo. Pero parece confundir el trabajo antropológico con el  periodístico.
Tengo que admitir que tampoco  me esfuerzo mucho por aclararle las particularidades del abordaje antropológico durante el descanso.  Creo que todavía estaba procesando la confabulación grupal  que había sufrido pocos días antes, donde no importó cuánto me esforzara por aclarar  los objetivos de mi trabajo. Arrastraba la sensación  que sería inútil y que lo mejor era tratar de conocer el lugar e interactuar con los presentes. Solo después vería el modo de comprender  el “juego social particular” de este ámbito, uno de los aspectos  a describir dentro del abordaje etnometodológico recomendado por la cátedra para las prácticas antropológicas.
Luego de hablar con el entrenador, se me acerca Adriana para presentarse amistosamente una bióloga que trabaja en el Muñiz, quien  desde su propia experiencia imagina que estoy allí por amor a las mascotas. Me dice que se equivocó de vocación.”Me hubiera encantado ser veterinaria, por eso vengo aquí, para estar en contacto con los animales.”
También conozco a Teresa. Parece colaborar con el entrenador.
Otra adulta jóven, Verónica, habla poco, observa. Después la vi cancelando con Teresa la primera clase y confirmando que vndrá la semana que viene.
Mientras se reanuda la segunda parte del entrenamiento, Adriana me invita al mini bar de la entrada y me ofrece un café express (Después me enteré que trae las cafeteras de su casa) Me comenta que asiste a las clases  de equitación desde hace aproximadamente un año  y  aunque no tiene mascotas para entrenar, parece disfrutar de simplemente quedarse para observar  los entrenamientos  y  conversar con el grupo.  Con respecto a lo que opina del  entrenador, me dice que es el mejor del país. Que tiene vastísima experiencia. “Tenés que venir” concluyó.

El Entrenador
Una vez terminada la clase algunos alumnos se retiran pero otros se quedan a conversar en el mini bar, donde se arma una amigable ronda de conversación que parece ser habitual luego del entrenamiento. En ese ambiente agradable  me dispongo a conversar con el entrenador, en medio de todos los presentes, y luego de haberle anticipado el motivo de mi presencia, me animo a sacar la libreta de notas.
Me cuenta (en los dos sentidos semánticos: cuenta no solo con el sentido del relatar, sino  en el sentido inclusivo de quien repite algo conocido por todos pero desconocido para mí) que  aprendió el oficio de su padre, militar y entrenador de perros para la Policía Federal,  así como de caballos para el Ejército en Campo de Mayo.
Cuenta, con voz firme y pausada, que allí mismo en Campo de Mayo se encuentra una estatua del perro Halcón, muy querido por las Fuerzas y que fuera entrenado por su padre. Mientras tanto, surgen comentarios  por parte del grupo sobre los perros que acaban de recibir su entrenamiento.
Comento (en palabras dirigidas al entrenador pero también para todos) que me llamó la atención que un “perro con canas” pueda responder tan bien a las órdenes que aprende. Expresé un supuesto personal, y creo que de mucha gente, que solo pueden ser entrenados los perros jóvenes.
El grupo comenta que Patán -así se llamaba-  está aprendiendo muy bien. “En realidad no hay un límite para que los perros puedan aprender. Lo que sí y por otra parte insisto siempre es que los perros deberían estar con su madre por lo menos hasta los tres meses, para que les enseñe muchas cosas. Lo usual es que los entreguen a los 45 días, pero me parece una barbaridad.  En algunos criaderos para sacarse a los perros de encima los están entregando a los 20 días, que definitivamente es un disparate pues no pueden desarrollarse igual que si pasan un buen tiempo con su mamá”
Alguien pregunta si Patán fue encontrado en la calle.”No lo sé,lo que sí puedo afirmar  es que la pasó bastante mal. Luego de observar un animal por un rato puedo decirle si fue golpeado, si recibió escobazos, si se peleó con otros perros…”
Otra persona contrasta a Patán con la ovejera, cuyo dueño todavía permanece en la ronda. “Si, es una perra que va a costar mucho entrenarla…pero es por el dueño”  Todos ríen.  Alguien me comenta que el dueño es cuñado del entrenador,  lo que explica esta pequeña broma familiar.
Cuando la reunión informal llegó a su fin, arreglé con el entrenador los honorarios y quedé en comenzar a asistir la semana entrante.


El Picadero
El Picadero  según la definición del ámbito de la equitación es :“Lugar cubierto y cerrado que sirve para adiestrar caballos e instruir jinetes”
La semana siguiente ingreso por la misma puerta por la que lo había hecho la semana anterior solo que para continuar  el largo trecho hasta el ingreso del picadero, donde estaba sentado don J. en una sillita, mientras tres caballos permanecen atados ordenadamente en las columnas del centro del  Picadero.
 Este ámbito, de aproximadamente cien metros  de lado y treinta de alto fue reconstruído en 1977. Las fotos de la Cartelera permiten observar el estado inicial del predio: Paredes deslucidas,  vidrios de los abundantes ventiluces que rodean las paredes completamente rotos bajo un techo que  estaba lejos de cubrir  al contar con unas pocas  chapas de fibrocemento en su lugar. La secuencia de fotos da cuenta de la restauración así como de la fiesta inaugural de una actividad terapeutica vinculada con caballos absolutamente novedosa en Argentina. Los ejercicios de equinoterapia  realizados durante la semana  que fueran iniciados por don J.  actualmente se encuentran a cargo de sus hijos, tambien Entrenadores.
Tales actividades terapéuticas se realizan durante la semana salvo los lunes, distinción que emergió de mi búsqueda comparativa  en Internet  descripta al inicio de este registro.  El día lunes se reservaba para las actividades del padre, donde se alternan prácticas de equitación para todo interesado, al mismo tiempo que se entrenan y acicalan los caballos utilizados en  terapia durante la semana. Las actividades de los lunes  a cargo del padre son completadas con el ofrecimiento de un curso aparte  en horario vespertino para entrenamiento  canino, descripto al inicio.
Afortunadamente, el abono de ingreso de los lunes  permitía quedarme en el predio practicamente todo el tiempo que quisiera, y observar los ejercicios de equitación, de entrenamiento y acicalamiento equino, así como de escuchar los relatos de don J durante las horas del almuerzo y la merienda de los que disfrutábamos todos los presentes.
Aunque el pago de la entrada me hubiera  habilitado formalmente para participar de las prácticas de equitación, me fui sintiendo más cómoda (y segura, para qué negarlo) manteniendo un lugar  distante del aprendizaje de amazona. Me encontraba más a gusto en un lugar circunscripto a la interacción con el grupo y el cuidado con los animales. En mi interior decidí que lo más adecuado  sería postergar las prácticas de equitación para iniciarlas una vez concluídos mis informes de campo que debía entregar regularmente hasta fin de año, y no generar confusiones respecto  del propósito de mi estada en el lugar. [1]
Finalmente había encontrado  un ámbito con las características recomendadas por Althabe donde llevar a cabo las practicas de etnometodología  nos beneficiara a ambas partes.
El enfoque etnometodológico  de la cátedra, uno entre muchos, resultaba muy apropiado para los practicantes de antropología. Permite aprender a observar cómo se construyen y relacionan grupos humanos, cómo se construye la identidad al interior de cada grupo y en su relación con otros. Las observaciones se plasman en descripciones etnográficas  escritas desde las notas de campo, descripción que incluye tanto el uso de diacríticos (usos y costumbres que identifican a cada grupo) como de términos “nativos” que es un concepto referido a aquellas palabras cuyo uso define  la pertenencia a un grupo particular.
También recuerdo que si debía guiarme por los comentarios de pasillo de la facultad, la Etnometodología era vista como un enfoque muy criticado por los estudiantes, críticas que se extienden a la Cátedra de metodología de campo. En cierto modo concuerdo con quienes sostienen que este enfoque, desde un recorte temporal sincrónico y abocado a la descripción de cómo construyen  los grupos  la mirada sobre sí y con otros, representa solo un aspecto del análisis antropológico. Sin embargo y una vez que han pasado  varios años puedo comentar desde mi experiencia personal que resulta el enfoque más adecuado para los ejercicios iniciáticos de todo practicante.  Tales ejercicios  etnometodológicos, lejos de condicionar un abordaje  teórico particular para las posteriores tesis de licenciatura, constituyen un paso necesario  hacia  el logro de una mirada entrenada sobre las interacciones  todo grupo que se presente como tal. En mi caso, repito que hablo por mí, agradezco haber podido aprovechar la experiencia que sin dudas dejó una huella valiosa e insustituible



Mi primera experiencia en el lugar
Cuando llego al Picadero, observo que el entrenador está hablando con Verónica y le ordena cepillar un caballo, algo que permite familiariarse con el animal a montar.
A  mí en cambio me ordena desatar uno de los caballos y llevarlo de la soga para que camine un poco dando una vueltas por el picadero.
No puedo disimular el temor que me produjo acercarme a un caballo tipo percherón, enorme,  temor que trataba de superar  mediante llevar a cabo el ejercicio propuesto.
Lo peor de todo fue que el personaje que más se daba cuenta de lo que me estaba pasando era el caballo mismo. El animal en cuestión se llamaba Póker, y sin duda su inmutabilidad  hace honor a su nombre.
Póker se queda  absolutamente inmóvil, se resiste a dejarse conducir por  el predio.
Me encuentro en la otra esquina del amplio predio. El entrenador no deja de gritarme indicaciones a las que acompaña con el gesto corporal: “Jale del lado derecho hacia abajo”, indicación que trato de imitar con lo que el enorme animal por fin da un par de pasos e inmediatamente se detiene para vaciar  su enorme vejiga sobre la arena.  No niego que me toma completamente por sorpresa.
“Háblele, tranquilícelo” (¿Y quién me tranquiliza a mí?)
El entrenador me sigue indicando los diferentes gestos y sonidos que debo emitir, pero nada, no tengo éxito. Luego de una eternidad de intentos, me doy cuenta que sin importar cuán bien imite el gesto del entrenador y repita las palabras mágicas,  el caballo parece haber captado el carácter de mis emociones más  básicas . Simplemente “me tomó el tiempo”.
Resulta bastante evidente que es mi primera experiencia con animales tan enormes, que me falta seguridad para acercarme a los percherones  y menos procurar subirme a alguno.
Resignada ante el fracaso, y con el propósito de que me familiarice con los equinos, el Entrenador me presenta a quien está a cargo del cuidado diario de los animales que se usan habitualmente para la terapia semanal, animales obviamente bastante mansos y que no deberían aumentar mi temor.
“Acérquele un caballo para acicalar” le ordena. Lo sigo hasta las caballerizas, ubicadas a unos pasos por fuera y detrás del Picadero.

Las Caballerizas
Las caballerizas se encontraban pocos metros detrás del picadero. Levantadas con ladrillos,  reunían una serie de habitáculos enfrentados  y separados por un pequeño pasillo central con puerta de entrada y salida, y umbral lo suficientemente alto y cómodo para que pasen los percherones. 
El lugar para acicalar los caballos se encontraba  al costado de las caballerizas, en una suerte de galería techada, y también con  separadores  para los animales.
El Cuidador me conduce hasta una yegua mansa ubicada en la galería, también tipo percherón y pelaje blanco. Mientras me muestra cómo pasarle el  cardador me  indica que debo hablarle al animal mientras trabajo ( y aprovechar para tocarlo y hacerle algún mimo sobre el cuello en particular)
Recuerdo que apenas me pasó el instrumento y comencé a tocarla, el animal se dio vuelta porque percibió que  alguien  desconocido  la estaba tocando, y me miró curiosamente con sus enormes ojos brillantes. Al cabo de unos minutos, el lomo que al principio aparecía tenso comienza a cambiar de textura.
El Cuidador, de unos cuarenta años, evidentemente conoce su trabajo. Aunque parece un individuo callado, está presto a responder mis inquietudes y atender mi seguridad mientras efectúo las tareas.
Amablemente me ofrece algunas recomendaciones para tener en cuenta. Por ejemplo, que debo mantener mis pies a medio metro de las patas (“para no ligar un pisotón con los cascos”).
Ante una duda  hago una pregunta  dirigida al Cuidador “Uy, tengo que pasar del otro lado.¿Por dónde conviene dar la vuelta a un caballo, por delante o por detrás?”.   Me contesta no el Cuidador, sino el Entrenador, quien se encontraba a pocos pasos observando cómo me las arreglaba con mi nueva  tarea, y lo hace con una frase que remite a una vieja época militar: “Los caballos por delante, los cañones por detrás:” Me largo a reir por el tono en que lo dice.
En las caballerizas consigo enterarme,  por suerta para mi herido amor propio, que Póker, a pesar de presentar el aspecto de todo un caballo maduro, es un caballo nuevo  en le lugar, recién adquirido de una Estancia. Acostumbrado  a responder unas pocas órdenes de sus cuidadores anteriores para dar inicio a una actividad completamente diferente, Póker también requería un tiempo de entrenamiento antes de comenzar a integrar el staff de animales listos para soportar  el peso, los embates y el maltrato físico de individuos con diferentes patologías neuronales.
Una vez que termino de acicalar en las caballerizas, el  Entrenador me llama para advertirme que no debo distraer demasiado al Cuidador con mi charla “Pues él está obligado a contestarle por educación, pero se atrasa con las tareas”.
Aprovecho entonces para volver al Picadero  y observar cómo el Entrenador dirige a los caballos y proporciona indicaciones en los ejercicios de equitación.
Me doy cuenta que Teresa es dueña de “Huesito”, un hermoso y elegante ejemplar, de  temperamento dócil y amable,con pelaje conocido como “malacara” debido a su mancha de otro color  en la frente. Al parecer Teresa mantiene a su caballo en las caballerizas del predio.
Mientras las postulantes aprenden a montar (no se si será por el horario, de lunes a la mañana,pero somos unas pocas mujeres  las que parecemos interesadas en la equitación y entrenamiento)Teresa  y Huesito las acompañan y de alguna manera sirven de modelo y  guía para los otros caballos y sus jinetes en el seguimiento de las  órdenes.
Todos siguen las órdenes (yo me limito a observar con deleite) Cabalgar para un lado, para el otro, dirigir el caballo hacia tal lado, con tal ritmo de galope, más rápido, más pausado. El tiempo pasa volando.
Al final de cada sesión de entrenamiento que pude presenciar,Teresa desencilla su caballo, le ofrece unos trozos de zanahoria como premio y le da un toque en el lomo que el animal entiende como el permiso para retozar en la arena. Es todo un placer observar al animal retozando en la arena y luego erguirse, sacudiendo la cabeza contento, antes de ser atado a la columna.
Terminado el tiempo, llega la hora del almuerzo, en una rutina habitual del lugar. Regido por los ritmos para cuidar los animales.


Charlas de Sobremesa     
Las conversaciones y las anécdotas durante la hora del almuerzo constituyen una oportunidad inigualable para captar no solo las “reglas del juego social” sino las representaciones de la vida cotidiana y aquellos procesos de construcción de identidad que en este caso giran en torno al cuidado y entrenamiento de caballos principalmente empleados en terapias neurológicas.
En medio de interacciones banales entre los miembros que pasamos a reunirmos en el mini bar, la conversación va girando hacia escuchar los consejos y la opinión del Entrenador sobre diversos animales.
Cuando alguien comenta sobre la violencia ejercida por un perro doméstico  difundida por los medios, el avezado entrenador ofrece otras  razones para el aumento de violencia por parte de muchos caninos. A las razones que solemos escuchar por parte algunos veterinarios al respecto, que aseguran que un animal es violento cuando ha rtecibido un trato distante por parte de los miembros de la familia, don J. ofrece una crítica sobre ciertos métodos de entrenamiento para perros de guarda:
“No se entrena a los animales para obedecer la orden del amo de aflojar la mordida”Sigue explicando que mantener la mordida es una característica biológica de todos los carnívoros.
“He visto cómo se entrena perros para atacar mordiendo la manga acolchada, y cómo se los festeja cuando logran arrancar la manga y se la llevan. Cuándo ese perro está en acción, no solo muerde, sino que arranca el brazo y se lo lleva porque está entrenado para hacerlo”
“Una vez me trajeron un perro que era considerado inútil y desobediente. Logré que comenzara a responder tanto a la voz de ataque como a la de detenerse.” Termina diciendo que luego llevó el animal a los dos inútiles que habían arruinado al animal.
Don J. habría de mencionar muchas veces cómo se “arruinan” a los animales desde una enseñanza inadecuada por parte de los humanos.
“Me va a arruinar el animal” sería una frase dirigida a los aprendices de equitación de los lunes que le escucharía muchas veces junto a las órdenes para conducir el caballo. Se trata de una advertencia que pone de relieve la responsabilidad humana en el entrenamiento de la conducta. Tuve la oportunidad de observarlo entrenando los lunes a la mañana tanto a caballos como a los jinetes.
Alguien en el almuerzo se detiene a preguntarle sobre la conducta habitual de los caballos. “¿Se echan para dormir o lo hacen parados?” Don J. contesta: en el campo algunos caballos se mantienen en alerta por los posibles predadores mientras algunos se echan en el pasto. Se echan para descansar o más a menudo para retozar, aunque es muy raro que se echen para dormir”
Aduce que se debe a que el caballo es presa, no predador. “El primer instinto del caballo cuando nace es pararse  y luego tomar calostro. Es la principal diferencia con los carnívoros cuyas crías tardan más en independizarse”
Alguien pregunta por la placenta “Durante mucho tiempo no se sabía que hacía la yegua con la placenta.En estado salvaje las yeguas paren al amanecer o al atardecer, incluso en las tormentas, debido a que es el momento que merma el merodeo de predadores. Luego de nacer el potrillo la madre se come la placenta y procura no dejar ningún rastor en absoluto para que el olor no delate la llegada de un miembro vulnerable. Se dice que si la yegua no se come la placenta es porque el potrillo está enfermo y pronto morirá”.
Trabajos  para   el Ejército
A medida que me familiarizo con el lugar, me siento más cómoda para tomar notas durante esas ruquísimas conversaciones de sobremesa
Le hago una pregunta directa sobre sus inicios de Entrenador, y me remite directamente a la labor de su padre, el abuelo de los jóvenes a cargo de la Equinoterapia actual.
“Mi padre era militar y su ocupación estaba vinculada con caballos. En 1935 creo por pirmera vez la Sección Perros de Gendarmería Nacional.” Para crear la Gendarmería se tomó gente que ya integraba las Fuerzas Armadas y que había entrenado como personal especializado.
“Se eligieron los individuos más aptos y calificados (humanos y caninos). La Gendarmería Nacional, al igual que Prefectura Nacioanl Marítima son las únicas instituciones hechas a partir de una Ley, con alcance nacional”  En cambio, las policías locales responden a decretos también locales, con todos los problemas que conlleva la coordinación a nivel nacional.
Don J continúa con su relato, pero cuando quiero anotar algo me dice”No anote eso” y yo respeto su decisión.
 “He viajado por todo el país, pero siempre fui por los perros”
Comienzo a observar ciertas regularidades en los comentarios del Entrenador, que conseguí integrar en el informe final y contribuyeron a dar sentido al análisis etnometodológico.
 Aunque todas sus indicaciones de entrenamiento las realiza porque “Hay que mantener un orden,” y me atrevo a inferir que esta y otras son frases que remiten al ámbito militar donde se crió y comenzó a realizar sus primeras prácticas, también comienzo a observar que cada vez que menciona su vínculo con el Ejército o con la Policía, deja bien claro que  trabaja para el Ejercito o la Policía. Me da la impresión que trata de marcar tanto su independencia de las intituciones como su vínculo indudable con los animales.
Pero también hay lugar para anécdotas divertidas
Recuerda que una vez lo invitaron a un barrio militar de la Provincia de Buenos Aires para entrenar animales.  Se comentaba por lo bajo que a la noche algunos de los oficiales se pasaban a la habitación de algunas esposas que tenían sus maridos de viaje. En una ocasión llegó sorpresivamente el marido de una de ellas. Al amante no le quedó más remedio que salir corriendo en calzoncillos mientras el marido profería gritos que todos alcanzaron a escuchar.Si embargo, lo que más le llemó la atención fue que al día siguiente, en el Casino de oficiales, los dos (ofensor y marido ofendido) se saludaron como si no hubiera pasado nada…
En otra oportunidad  viajó a la Antártida, a la Base Marambio, para acompañar perros entrenados que habrían de quedarse allí. El viaje en el rompehielos Irizar fue toda una experiencia para él.
“El barco se levanta en la proa y luego cae en el momento de cortar el hielo, era bastante sorprendente” El viaje duró unos tres meses.
Pero lo que más le impactó fue toparse con la experiencia de encarar el aislamiento y la soledad de aquellos hombres. “Fuera del refugio solo hay hielo y silencio. Por supuesto que ni una planta, ni un animal a la vista… Yo estuvo pocos días, por los perros, pero para los residentes significaba pasar seis meses son luz de día y seis meses de oscuridad… los tipos no saben cómo ocupar el tiempo.”
“Jugaban a las cartas, al dominó, a lo que fuera… El lugar para vivir es pequeño y se pasaban la mayor parte del tiempo encerrados… En ese momento me di cuenta de lo difícil de esa vida…Por más que pasen solo un año, es para enloquecer a cualquiera”
Así, entre los cafés de Adriana y los dulces de Teresa, el Entrenador continúa desgranando una por una sus historias.






[1] Todavía no pude volver al  Picadero, las ocupaciones diarias así me lo impiden. Pero cada vez que veo un caballo en armoniosa unidad con su jinete, el sitio de entrenamiento vuelve a mi mente.

miércoles, 15 de abril de 2015

Mis Notas de Campo II por Vivina P. Salvetti




Registro de Campo N°2

Historia de un fracaso
"Son cosas que pasan" me dijeron mis compañeras y  la profesora a cargo de las clases prácticas cuando les comenté mi problema. 
¿A qué problema me refiero? 
Esta entrada estará abocada al relato de cómo me vi confrontada con la dificultad de continuar con el registro de campo cuando el ámbito pensado originalmente finalmente no consistió mi ingreso formal al mismo y de cómo conseguí integrar la experiencia como parte de las prácticas de todo antropólogo. Como anticipé en mi Primer Registro de Campo, el éxito en aprobar la materia depende tanto de la presentación de registros de campo empíricamente contrastables acompañados del análisis metodológico de los mismos como de presentarlos dentro de los plazos acordados. 

El Status Liminar del antropólogo practicante
Desde el principio, apenas decidí el ámbito para mis prácticas, estuve consciente de varios aspectos problemáticos que dificultaban la legitimidad de mi incursión en el campo:
a)      No estaba realizando mi tesis de licenciatura, así que ni había realizado la presentación de un proyecto de investigación formal, ni integraba un equipo de investigación que se encuentre trabajando el tema, y menos contaba con  dirección sobre una tesis nunca proyectada como tal.
b)    No estaba recibida de antropóloga, así que formalmente no podía solicitar las entrevistas como tal
c)     Uno de los requisitos para poder culminar la carrera exitosamente es el de haber realizado trabajo en el campo, marca registrada de la práctica antropológica.
Algunos desde otras disciplinas han resuelto el problema del acceso a un campo social  vedado de diferentes maneras. Por ejemplo, hay quienes suponen que resulta legítimo  obtener información “objetiva” de la situación ocultando no solo su identidad sino sus intenciones reales, lo que en este caso y respecto de una Comunidad Terapéutica hubiera sido tratar de  ingresar al ambito restringido haciendome pasar por alguien que tiene un pariente con alguna patología. Este método de observación, si bien fue utilizado por sociólogos de la Escuela de Chicago quienes directamente  se hicieron pasar por pacientes, es criticado por su absoluta falta de ética desde la reflexión antropológica.
Personalmente y desde el mucho tiempo antes de iniciar mis propias investigaciones,  decidí llegado el momento seguir la recomendación de Althabe de producir la distancia desde la práctica misma. Es decir, soslayando cualquier ilusión de ingresar desde tanto  una identidad falseada  como del ocultamiento de las reales intenciones acompañadas de micrófonos y cámaras no explicitadas  al grupo en cuestión, abordar el campo desde la producción de la propia alteridad. Sabía que lo mejor sería compartir mi carácter de estudiante que requiere de realizar ejercicios de campo,
Tenía bastante claro que durante mis prácticas debía articular dos principios: el de la observación participante (limitada a la interacción respetuosa del lugar de los terapeutas) y el de consentimiento informado:  procurar presentarme como practicante de antropología, registrar la subjetividad pautada y otorgarles la oportunidad de leer mis informes antes de presentarlos.
Sin embargo luego de haber pasado por la experiencia tengo que reconocer que tal observación como la había leído  resultaba difícil de aplicar en algunas situaciones.
Su resolucíón terminé por integrarla como parte de la práctica misma.

 Registro de Campo N° 2

Situaciones registradas:
   . Correspondencia con diferentes miembros del programa de inserción social para confirmar entrevistas
    .Visita al hospital Tobar García (entrevista con una de las coordinadoras)
    .Visita al Zoológico de Buenos Aires (entrevista con el director del programa)
Fechas de los registros:
  Correos previos: desde principios de agosto hasta fines de septiembre
   Hospital: 15 de septiembre
   Zoológico: 21 de septiembre
Tiempo en el campo:
    Correos: indeterminado
  Hospital: 2 horas y media
  Zoológico: 2 horas
Análisis metodológico:
-Análisis de las posibles causas de confabulación grupal
-Concepto de implicación antropológica de G. Althabe
-Reflexiones y nuevas reformulaciones
Transcripción de los correos y mensajes enviados
Aunque figuran en el escrito original, en vista de los acontecimientos posteriores, no me pareció pertinente incluirlos en este escrito pensado para su difusión pública, así que se los debo.
Si bien me habían prevenido desde la Cátedra que no resultaba nada fácil conseguir el permiso para entrevistar como antropóloga practicante a los miembros de un programa de salud cualquiera, desde el principio procuré al menos de intentarlo. Además no contaba con nadie conocido dentro del ámbito terapéutico que me recomiende al grupo en cuestión.  
Finalmente después de cuarenta y cinco  días  de intensa correspondencia y largas esperas pude concretar una cita  de admisión.

En el Tobar García

Llegué temprano a la cita con  la lic. P.[1]
El Hospital Carolina Tobar García  está a pocas cuadras de la Terminal de subtes y tren  “Constitución” de la Ciudad de Buenos Aires.
Decidí recorrer a pie esa corta distancia con el propósito de conocer el lugar. Eran las ocho de la mañana, muchos negocios todavía estaban cerrados, aunque las calles hervían del movimiento de las personas que iban a trabajar.
Sin embargo, a pesar del movimiento, la abundancia de frentes grises y hoteles alojamiento definen al lugar como un espacio signado por lo transitorio. Sobre la avenida R. Carrillo al 300 circulan gran cantidad de autos y colectivos. El Tobar García se encuentra contiguo al Borda (Psiquiátrico para varones) y el Moyano (Psiquiátrico para mujeres)
En la inerminable vereda enfrentada a los terrenos ocupados por los hospitales en cuestión, observo  muros que lindan con las vías del ferrocarril. Es extraño. Me doy cuenta que estoy acostumbrada visualmente a la intervención gráfica de los muros que lindan con las vías del tren. Las bandas de arte callejero sabemos que se disputan el poder en paredes devenidas campos de batalla en otros barrios de la ciudad, y sin embargo, este muro al frente de los psiquiatricos permanece sin intervenir en absoluto. ¿Habrán sido disuadidos por el tráfico, o por la vigilancia policial del hospital? Lo dudo, para estos grupos, burlar la vigilancia suele resultar un estímulo. Me detengo en vanas especulaciones.

Una cosa es segura. Las bandas de arte callejero también siguieron de largo.
Cruzo por el semáforo que está al frente del Hospital, el único en la larga vereda.
Un enorme cartel de publicidad institucional anuncia que el Gobierno de la Ciudad lo está remodelando. Una empalizada de madera y cobertura de media sombra ocultan los trabajos del día.


“A sus pies rendido un león…”
Apenas ingreso al hall del Hospital algo me llama la atención de manera agradable.
En medio del caos de la remodelación, la estampa de un gato sentado en la entrada sobre una frazadita prolijamente doblada consigue transmitir una cuota de serena e imperturbable tranquilidad.


No pude evitar preguntar “¿Cómo se llama el gato?” a tres oficiales de vigilancia (dos “masculinos” y uno “femenino”) apostados detrás de una mesa de entrada, pocos pasos al interior.
“Peralta” me contesta uno de ellos.
“Pues ese gato habla muy bien de ustedes” afirmo.
“Ya quisiera yo tener la vida del gato” dice el otro mientras la agente saca una bolsa de balanceado del mostrador y me la muestra con una sonrisa.
De un vistazo veo el nombre de la licenciada P con las típicas letras de molde encabezando el plantel. “¿Dónde puedo ubicarla?” Me indican la puesta del despacho, pero ni siquiera son las 8.30, así que les pregunto si no molesta que espere en recepción. Esto de paso me permite observar el movimiento. Pido permiso para sentrme en uno de los taburetes.
El movimiento de ingreso es continuo. Algunos firman diferentes legajos de asistencia. Me llama la atención la vestimenta informal, no veo a nadie con el típico guardapolvos de hospital. Hasta que me sorprende uno vestido con traje corbata y maletín.
“Buenos días…” saludan todos.
Después de un rato, el hombre del traje vuelve y pregunta a uno de los oficiales “¿Llegó el Dr. Fulano?” No. Todavía no. Hace un gesto de disgusto y se sienta en un banco. “¿Es visitador médico?” pregunto. Asienten . Es el único individuo con traje.
“¿Puedo sacar fotos de los pasillos?” No, no está permitido
“¿Y de la cartelera de anuncios?” Tampoco.
Antes de recibir la tercera negativa, me puse a observar la cartelera y registrar en la memoria algo que me llame la atención. No me animo a sacar la libreta de notas. La medida, me dicen, es para proteger la intimidad de los pacientes.
Ingresa un jovencito de unos once o doce años, con la mamá y saluda afectuosamente a los oficiales. Se abalanza sobre uno de ellos y empieza a golpearlo suavemente en el abdomen, mientras el oficial grita juguetonamente “Auxilio, voy a llamar a la policía” Todos ríen. Cuando se retiran pregunto “¿Es familiar?” No, es un pacientito que estuvo internado por demasiado tiempo.
Ingresa otra mujer jóven con un chiquito en brazos preguntando por los cursos de computación. Le indican dónde dirigirse.
“¿Dan cursos aquí?” Si, dan cursos como parte del programa de rehabilitación.
Así que vuelvo a  la cartelera para ver si observo algún otro detalle relacionado.
Me topo más allá con la advertencia de los profesionales del lugar impresa en fotocopias pegadas con cinta. Declaran su firmeza en mantener la continuidad institucional de políticas de inclusión.
¿Habrán recibido presiones de cambio por parte del Gobierno de la Ciudad?
El afiche no lo aclara. Junto con la remodelación edilicia, ¿habrán recibido presiones para extender la remodelación al ámbito de las políticas institucionales? Siguen mis especulaciones, pero como quiera que fuese, el aviso expresa la firme disposición de continuidad.
Ahora bien, ¿permitirá esta política de inclusión algo tan inusual como permitir a una practicante de antropología realizar entrevistas a miembros de un programa de rehabilitación? Tenía que esperar para saber la respuesta.
Salgo a tomar fotos del frente del Hospital y una de Peralta (Eso sí está permitido)
Luego de un rato, ingreso nuevamente al Hospital. Pregunto nuevamente “¿Habrá llegado la Licenciada?” Parece que sí. Avanzo por los pasillos, golpeo la puerta y una voz femenina dice “Adelante”.

La cita tan esperada
Una señora de mediana edad, también vestida de modo bastante informal está sentada escribiendo delante de una computadora.
“¿Vivina?” Si.  “Espere que termino y la atiendo”
En verdad qué le dije exactamente no recuerdo. Estaba bastante nerviosa y peor dormida, por la ansiedad absurda de no escuchar el despertador y llegar tarde a mi cita al otro lado de la enorme ciudad. Es curioso. Ya había hecho una incursión informal en el Zoo con los cuidadores adultos, había intercambiado suficientes mensajes con otro de los miembros del equipo quien en varios correos se ocupó de alentar mis expectativas respecto de las posibilidades de realizar mis entrevistas con miembros del grupo y posteriormente me derivó a esta licenciada con quien también me había comunicado varias veces por correo. Pero una vez traspasado el umbral, tras darme cuenta que en realidad esta entrevista era la primera  de tipo personal y formal de mi práctica antropológica, todo lo que tenía pensado decir simplemente se esfumó.
“Hable con el Dr. (Mengano)” me contestó “Es la persona adecuada para conseguir el permiso de ingreso…. El ingreso es problemático.” Lo dijo como al pasar. Después de todo si yo me encontraba allí era porque entendía que tal ingreso no es cosa sencilla.
“¿Puede ingresar al Zoo de modo particular?”
-Si.
-“¿Puede ir el martes a la mañana?”
-Si, claro que puedo. 
Un par de días después recibí otro correo: “Hola Vivina… El Dr la espera en el Zoológico a las 9,30. Por cualquier cosa le paso su número de celular. Mucha suerte. Y no se olvide de ingresar por la puerta principal y pagar el ticket”

Tenía confirmado el gran día.


A estas alturas, venía reformulando y acotando el campo de la descripción etnográfica requerida.
Lo había redirigido hacia la descripción de la Comunidad terapéutica y aquellos aspectos del programa que ellos consideran pueden contribuir a la transformación psíquica de los jóvenes que permiten su posterior reinserción social.
Estos eran los puntos que trataría de explicitar en la entrevista arreglada con el director del programa pocos días después.
Sin embargo, la experiencia misma se encargaría de mostrarme que había actuado con una enorme dosis de ingenuidad.

Una entrevista crucial
Llegué a horario. Como el día que me citaron era también el día de la primavera, había una gran cantidad de familias, con los chicos en la puerta del Zoológico esperando entrar.
También se festeja el día del Estudiante. Hay movimientos de vendedores ambulantes con alimentos, bebidas y golosinas. Incluso se desarrollan preparativos para el recital de varias bandas de música en los jardines de Palermo.
Estos festejos coinciden con un clima de malestar. Varias escuelas públicas están tomadas por estudiantes desde hace más de veinte días, y hasta los estudiantes de Filosofía y Letras se plegaron a los reclamos de protesta.
La primera sorpresa. El Zoológico abre a las diez. Mi cita es a las 9,30.
Veo contingentes que ingresan por Sarmiento. Me acerco, averiguo. No. No puedo pasar aunque le explico verbalmente los motivos de mi visita. Solo acceden los que están anotados de antemano y yo, por supuesto, ni figuro.
Llego a la entrada principal a esperar una eterna media hora.
Una vez adentro, me apresuro hacia el lugar previamente acordado. En una vía lateral y separado por jardines, logro identificar dentro de un grupo a quien se había comunicado por correo y reconocí por la foto de perfil.
Me apresuro, me presento y conduce al Director con quien tenía la cita.
“Tuve que esperar a entrar con el publico” me disculpo, aunque personalmente todavía lo entiendo como un malentendido. “¿Fulana no le dio un pase?” No, y tampoco estaba anotada en la entrada de Sarmiento. Sin embargo ofreció otorgarme un momento para lo cual me invita al sitio de la cita original,  que centraliza las actividades del programa.

Me voy dando cuenta que sabe par qué estoy allí. Este supuesto mío se debe a que el doctor mientras caminaba rápidamente me ofrece un libro donde figuran todas las opiniones de cada uno de los miembros del programa. “Hace poco vino a vernos un investigador extranjero. Hizo una tesis con los datos del libro. Ahí tenés todo”
No sé si alcanza a escucharme que las prácticas de campo requieren entrevistas de tipo personal.

Llegamos a una cabaña que recuerda las construidas en las aldeas montañosas de la zona franco-suiza. Combina el empleo de piedras al natural para la base y madera para el resto. Está pintada de color verde claro, y decorada con guardas y diferentes motivos infantiles. Dos plantas, techo a dos aguas con una pequeña torre que hace las veces de mirador. Tres puertas de madera al frente, dos de ellas de doble hoja permiten el acceso a la espaciosa planta baja, que en Europa en usualmente empleada para proteger los animales al cuidado familiar.
La tercera puerta está flanqueada por un desteñido cartel lavado por la lluvia y los años que identifica el Programa.  Al lado una escalera también de madera que conduce a la planta alta. Un pequeño vestíbulo enfrenta a dos puertas. Una de ellas pertenece a las oficinas.
“Aquí tengo el libro que quiero mostrarte.” La puerta está cerrada con llave.”Ah, cierto, la llave la tiene Fulano, en un rato viene”.
“¿Podemos aprovechar a conversar mientras tanto?” le pregunto al bajar. Me acuerdo que una de mis preguntas iniciales era respecto del origen del programa mientras me siento bajo un árbol, cerca de las Jirafas , así que se la formulo.
Empieza a contarme. Primero se recibió de médico, luego de psiquiatra y con posterioridad, de psiquiatra infantil. Tuvo como compañeros a… y empieza a mencionar una catarata de nombres “disculpe doctor, no los conozco”. También trabajó con la antropóloga X en la escuela Z.  Tampoco la oí nombrar.
“Luego estuve trabajando varios años con un grupo que hacía Terapia Ocupacional para adultos, en Lanús”  Comentó que fue una experiencia sumamente enriquecedora para él.
“¿Y cómo fue que se le ocurrió la idea del Programa?” pregunté, y entonces pasó a detallarme:
“Fue en la época en que el Doctor Romero (si, el mismo que sale en la tele) era Director del Zoológico, y yo trabajaba en terapia infantil. Luego de hacer una visita con un grupo de chicos, Romero se me acercó y preguntó: “¿Qué puede hacer el zoológico por ustedes? ¿Qué podemos hacer juntos?”
El director del programa siguió: “Así que empecé a recorrer el zoológico para ver si se me ocurría algo.”
Y vaya si se le ocurrió.
Recuerdo que refirió que la idea le vino al leer el cartel del Cuidador de Elefantes: “Roberto, cuidador de elefantes e hijo de cuidador tiene muchas cosas para contar”
Toda su experiencia acumulada como pediatra, psiquiatra y terapista ocupacional confluyó en una sola idea absolutamente novedosa:
“¿Qué pasaría si los chicos viene a ver a los cuidadores?”
Despues de averiguar cuántos cuidadores estaban dispuestos a permitir que chicos con  patologás psiquiátricas los ayuden con la alimentación de los animales, hubo varios que aceptaron.
¿Qué opinaron los cuidadores de la experiencia? A muchos cuidadores les llamó la atención que los jóvenes estuviesen diagnosticados con patologías psiquiátricas. Notaron poca o ninguna diferencia con otros jóvenes que conocían.
Desde su experiencia de varios años con el programa, su director puede afirmar que lo que contribuye a la remisión de las patologías no es solo el trato con los animales, sino el vínculo que se establece entre el paciente y el cuidador. “Aquí los chicos no están caratulados como pacientes, sino como individuos”
También relata que recibió muchas críticas. “Decíán que no era digno poner alos chicos a limpiar la (suciedad) de los animales” Sin embargo el siguó insistiendo en que el foco estaba puesto en la oportunidad de trabajar  y en el vínculo con el cuidador. Las críticas persistieron hasta que encontraron una manera de medir de modo objetivo los progresos que iban realizando los chicos, como es la disminución evidente de  las dosis  de psicofármacos. Pese a que no fue fácil la implementación local, el programa logró cierto reconocimiento en el exterior.
Le hago un comentario respecto de algo que leí en la página Web. “La página es de (Fulano) Incluye artículos que no están relacionados con el programa del Zoológico”me respondió de modo tajante. Al parecer, no debí considerar lo que decía la pagina web como representativa del grupo.
“Cada uno de nosotros tiene sus ideas particulares acerca del funcionamiento del Programa”concluyó.
¿Se  deberá a  solo una impresión mía percibir las dificultades al interior del grupo que trata de armonizar un tipo de abordaje partiendo de paradigmas diferentes?
El director se adelanta a mis pensamientos y agrega:
“Somos un grupo interdisciplinario. Cada uno tiene sus ideas personales”.
Y sus tiempos. En ese momento regresó quien estaba a cargo de la llave.
“Lo espero acá, doctor”
Volvió con el libro en la mano.
“¿Ves? Aquí al final está la bibliografía citada. Acá está todo. Leelo y después charlamos.” Luego de abonarle el importe correspondiente, dio  por concluída la charla.
Me despedí, disintiendo en mi interior.
Mucha de la información valiosa que me proporcionó, definitivamente no se hallaba en el libro.

Análisis de las causas del rechazo
La entera experiencia de casi dos meses de dilaciones para concretar  entrevistas de campo con los miembros del programa terapéutico según fuera relatada en este registro,  tuve que darla por concluída.
Sin embargo y a pesar de todo resultó posible efectuar un análisis antropológico de la experiencia, que permitiera no solo una evaluación de los escasos datos obtenidos en una sola entrevista, sino que consiguiera integrarlos al momento de reformular mi abordaje sobre una Comunidad Terapéutica
Por lo tanto a continuación  y utilizando los conceptos proporcionados por las diferentes cátedras previamente cursadas, trataré de explicitar cuál fue desde el principio mi actitud respecto del ingreso al campo mismo a partir de la noción de implicación de Althabe, concepto clave que marca la diferencia con las prácticas de investigación periodística signadas por la falta de ética y  con las que lamentablemente resulta confundida.

El problema del Status Liminar del antropólogo practicante
Algunos desde otras disciplinas han resuelto el problema del acceso a un campo social  vedado de diferentes maneras.[1] Por ejemplo, hay quienes suponen que resulta legítimo  obtener información “objetiva” de la situación ocultando no solo su identidad sino sus intenciones reales, lo que en este caso y respecto de una Comunidad Terapéutica hubiera sido tratar de  ingresar al ambito restringido haciendome pasar por alguien que tiene un pariente con alguna patología. Este método de observación, si bien fue utilizado por sociólogos de la Escuela de Chicago quienes directamente  se hicieron pasar por pacientes, es criticado por su absoluta falta de ética desde la reflexión antropológica.
Personalmente y desde el mucho tiempo antes de iniciar mis propias investigaciones,  decidí llegado el momento seguir la recomendación de Althabe de producir la distancia desde la práctica misma. Es decir, soslayando cualquier ilusión de ingresar desde tanto  una identidad falseada  como del ocultamiento de las reales intenciones acompañadas de micrófonos y cámaras no explicitadas  al grupo en cuestión, abordar el campo desde la producción de la propia alteridad. Sabía que lo mejor sería compartir mi carácter de estudiante que requiere de realizar ejercicios de campo,
Tenía bastante claro que durante mis prácticas debía articular dos principios: el de la observación participante (limitada a la interacción respetuosa del lugar de los terapeutas) y el de consentimiento informado:  procurar presentarme como practicante de antropología, registrar la subjetividad pautada y otorgarles la oportunidad de leer mis informes antes de presentarlos.
Sin embargo luego de haber pasado por la experiencia tengo que reconocer que tal observación como la había leído  resultaba difícil de aplicar en algunas situaciones, por lo que abordar de la noción de implicación descripta por Althabe me resultó más adecuada para describir lo que realmente me pasó: la necesidad de observación participante implicada en la situación de campo.
Quizás gran parte  de las dilaciones y obstáculos que experimenté en mis intentos por formalizar las entrevistas a los miembros de la Comunidad Terapéutica para conocer su propia subjetividad, fuera posible adjudicarlas  a la desconfianza provocada  por la falta de ética de muchos sociólogos y periodistas quienes se valen de  cualquier engaño y atropello con tal de obtener alguna imagen o frase “objetiva” que soslayando su carácter construído termine causando sensación en  la opinión pública.
En cambio, el concepto de implicación resulta sumamente operativo para los antropólogos en el campo.

 La implicación del Antropólogo
En vista de las dificultades que se presentan en el campo de los estudios sociales para extender el concepto de observación objetiva, Althabe propone  a los antropólogos abordar el campo reconociendo desde el principio su propia subjetividad.
Según Althabe, y soslayando cualquier ilusión de distanciamiento, sostiene que “El antropólogo es proyectado, lo quiera o no, sobre la escena local en la cual está obligado a participar “La implicación es una condición de acceso al campo y por lo tanto es el marco de producción de saberes antropológicos… (Por otra parte) … los intereses de conocimiento explicitados por el antropólogo al comienzo de la investigación abren o cierran las puertas de acceso al campo”(Althabe y Hernandez 2005: 80, 91, 82 y 86)
Se trata de una propuesta diferente al modelo clásico de observación- participante  que confiere carácter científico a la producción antropólógica mediante extrapolar la observación sobre sujetos humanos  desde el marco de  experiencias aisladas de laboratorio.
En esta revisión del modelo clásico y para poder informar de manera adecuada, Althabe porpone en cambio, incorporar la noción de implicación fuertemente vinculada con la de comprensión tanto de los intereses de conocimiento del antropólogo como de la dinámica del grupo que se pretende investigar.
Esta implicación describe adecuadamente la situación insoslayable del antropólogo, y confirma la imposibilidad de pasar desapercibido por el grupo que se pretende observar participando de la situación cotidiana como si fuera invisible. Tal situación es caracterizada por el hecho de que frente a ella, no podemos alcanzar un saber objetivo. Uno siempre se encuentra implicado subjetivamente en lo que pasa y su presencia ajena al grupo afecta las actividades cotidianas, lo quiera o no.
 “Para el investigador (implicado en una situación donde no se acepta su presencia) la cuestión es relativamente simple: o bien comprende lo que sucede e intenta utilizar los escasos márgenes de maniobra que le quedan, o bien no comprende y a partir de allí comienza una aventura solitaria que no puede más que desembocar en la producción de una descripción ficcional” (Althabe y Hernandez 2005: 74)
Creo haber interpretado lo que sucedió tanto con respecto al rechazo de lo que era visto como una intromisión que estorbaba las actividades del grupo, como las intenciones reales bajo la propuesta “Léelo y después hablamos” que cerraba definitivamente toda posibilidad de entrevistar a miembros del grupo  en horarios y sitios convenientes a cada uno y pretendiendo sustituirla  con un mero resumen escrito de los fundamentos del programa en una actividad no aprobada por la cátedra de Metodología de campo.
 Me di cuenta que la opción más digna que tenía a mi alcance  consistía en saludarlo atentamente y empezar a pensar en otros ámbitos donde abordar  vínculos sanadores con animales.  

Al cerrarse las puertas del Zoológico[2] para relevar datos, empecé a buscar por Internet referentes empíricos alternativos en los que la práctica de terapias con animales propicie la integración social.
Momentáneamente estoy pensando en las posibilidades que brinda la Equinoterapia, pero todavía desconozco sitios cercanos donde puedo acercarme, teniendo en cuenta mi experiencia anterior que me recuerda la dificultad de entrevistar grupos terapéuticos.
Finalmente las reflexiones de Althabe me proporcionaron un indicio para elegir un sitio adecuado para continuar con mis ejercicios de antropología
Althabe y Hernandez (2005) no solo nos advierten francamente que la presencia del antropólogo perturba considerablemente las actividades cotidianas de todo grupo profesional y es la razón para impedir su acceso al campo, sino que también nos dice que el antropólogo solo es aceptado cuando su presencia resulta beneficiosa al grupo en cuestión.
Pude advertir que si uno de los problemas frecuentes del antropólogo practicante consistía frecuentemente en resolver las condiciones éticas de acceso al campo, tal problema pudiera superarse mediante procurar el ingreso a lugares públicos que cobren entrada a los mismos.
Así que comencé a buscar algún lugar público que, pago entrada mediante, me permitiera seguir relevando datos dentro de mi campo general de interés respecto de una interacción con animales que resulte beneficiosa para los humanos.
La reformulación de las preguntas de investigación y las notas de campo quedarán para el próximo registro.









[1] Dificultades de las que pude percatarme en el Tobar García apenas recibí una serie de Noes “para proteger a los pacientes”
[2] No es casual que haya tardado dos días en sentarme a escribir los registros correspondientes hasta recuperarme de la confabulación grupal a la que había sido sometida y que se hubiera evitado reconociendo francamente desde el principio que mi presencia no era aceptada en lugar de alimentar comunicaciones  y citas dilatorias por correo. No me resultó nada sencillo “barajar y dar de nuevo” Además me encontraba en la mitad de la cursada y con graves peligros para terminar los registros correspondientes.. 





[1] Todos los nombres permanecerán en el anonimato

[2] Dificultades de las que pude percatarme en el Tobar García apenas recibí una serie de Noes “para proteger a los pacientes”
[3] No es casual que haya tardado dos días en sentarme a escribir los registros correspondientes hasta recuperarme de la confabulación grupal a la que había sido sometida y que se hubiera evitado reconociendo francamente desde el principio que mi presencia no era aceptada en lugar de alimentar comunicaciones  y citas dilatorias por correo. No me resultó nada sencillo “barajar y dar de nuevo” Además me encontraba en la mitad de la cursada y con graves peligros para terminar los registros correspondientes..