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domingo, 28 de junio de 2015

El doloroso camino de la resiliencia

Consideraciones personales sobre la Resiliencia

Personalmente creo que la resiliencia consiste en aprender a que las cosas te reboten para no quebrarte, algo bastante diferente a que te resbalen.

Creo que nadie elige voluntariamente ser víctima de una confabulación grupal perversa.

También estoy convencida que todo grupo confabulado puede desarrollar la capacidad perversa de la indiferencia que además de  banalizar el mal, termina hallando maneras de justificar acciones criminales injustificables sobre una persona.

Además de aprender a resistir, el desarrollo de resiliencia requiere aprender a alejarse de individuos perversos.

La decisión final de alejarse de un grupo confabulado desde sus inicios para aislar con el propósito de destruir física y psicológicamente a un individuo de todas las maneras posibles puede parecer una derrota personal.

Resulta injusto (y sin duda lo es) admitir la derrota de haberlo perdido todo luego de innumerables y agónicos intentos de encontrar una solución pero introduce la única manera de comenzar de nuevo, bien lejos de tales perversos. 







El doloroso camino a la Resiliencia

De resilio  (rebotar)

(Fuente: APA)

¿Cómo enfrenta la gente los eventos difíciles que cambian su vida? ¿Cómo reacciona a eventos traumáticos como la muerte de un ser querido, la pérdida del trabajo, una enfermedad difícil, un ataque terrorista y otras situaciones catastróficas?
Generalmente, las personas logran adaptarse con el tiempo a las situaciones que cambian dramáticamente su vida y que aumentan su estado de tensión. ¿Qué les permite adaptarse? Es importante haber desarrollado resiliencia, la capacidad para adaptarse y superar la adversidad. Ésta se aprende en un proceso que requiere tiempo y esfuerzo y que compromete a las personas a tomar una serie de pasos.
Este ensayo tiene el propósito de ayudar a los lectores a tomar su propio camino hacia la resiliencia. Provee información sobre la resiliencia y algunos factores que afectan a la gente a enfrentar sus problemas. Gran parte de la información ofrecida por APA se enfoca en el desarrollo y el uso de una estrategia personal para mejorar la resiliencia.

Factores para Resiliencia
Una combinación de factores contribuye a desarrollar la resiliencia. Muchos estudios demuestran que uno de los factores más importantes en la resiliencia es tener relaciones de cariño y apoyo dentro y fuera de la familia. Relaciones que emanan amor y confianza, que proveen modelos a seguir, y que ofrecen estímulos y seguridad, contribuyen a afirmar la resiliencia de la persona.
Otros factores asociados a la resiliencia son:
·         La capacidad para hacer planes realistas y seguir los pasos necesarios para llevarlos a cabo.
·         Una visión positiva de sí mismos, y confianza en sus fortalezas y habilidades.
·         Destrezas en la comunicación y en la solución de problemas.
·         La capacidad para manejar sentimientos e impulsos fuertes.
Todos estos son factores que las personas pueden desarrollar por si mismas.


Formas de construir Resiliencia
a)   Establezca relaciones
Es importante establecer buenas relaciones con familiares cercanos, amistades y otras personas importantes en su vida. Aceptar ayuda y apoyo de personas que lo quieren y escuchan, fortalece la resiliencia. Algunas personas encuentran que estar activo en grupos de la comunidad, organizaciones basadas en la fe, y otros grupos locales les proveen sostén social y les ayudan a tener esperanza. Ayudar a otros que le necesitan también puede ser de beneficio para usted.

b)   Evite ver las crisis como obstáculos insuperables
Usted no puede evitar que ocurran eventos que producen mucha tensión, pero si puede cambiar la manera como los interpreta y reacciona ante ellos. Trate de mirar más allá del presente y piense que en el futuro las cosas mejorarán. Observe si hay alguna forma sutil en que se sienta mejor, mientras se enfrenta a las situaciones difíciles.

c)   Acepte que el cambio es parte de la vida
Es posible que como resultado de una situación adversa no le sea posible alcanzar ciertas metas. Aceptar las circunstancias que no puede cambiar le puede ayudar a enfocarse en las circunstancias que si puede alterar.

d)   Muévase hacia sus metas
Desarrolle algunas metas realistas. Haga algo regularmente que le permita moverse hacia sus metas, aunque le parezca que es un logro pequeño. En vez de enfocarse en tareas que parecen que no puede lograr, pregúntese acerca de las cosas que puede lograr hoy y que le ayudan a caminar en la dirección hacia la cual quiere ir.

e)   Lleve a cabo acciones decisivas
En situaciones adversas, actúe de la mejor manera que pueda. Llevar a cabo acciones decisivas es mejor que ignorar los problemas y las tensiones, y desear que desaparezcan.

f)     Busque oportunidades para descubrirse a sí mismo
Muchas veces como resultado de su lucha contra la adversidad, las personas pueden aprender algo sobre sí mismas y sentir que han crecido de alguna forma a nivel personal. Muchas personas que han experimentado tragedias y situaciones difíciles, han expresado tener mejoría en el manejo de sus relaciones personales, un incremento en la fuerza personal aun cuando se sienten vulnerables, la sensación de que su autoestima ha mejorado, una espiritualidad más desarrollada y una mayor apreciación de la vida.

g)   Cultive una visión positiva de sí mismo
Desarrollar la confianza en su capacidad para resolver problemas y confiar en sus instintos, ayuda a construir la resiliencia.

h)   Mantenga las cosas en perspectiva
Aun cuando se enfrente a eventos muy dolorosos, trate de considerar la situación que le causa tensión en un contexto más amplio, y mantenga una perspectiva a largo plazo. Evite agrandar el evento fuera de su proporción.

i)     Nunca pierda la esperanza
Una visión optimista le permite esperar que ocurran cosas buenas en su vida. Trate de visualizar lo que quiere en vez de preocuparse por lo que teme.

j)     Cuide de sí mismo
Preste atención a sus necesidades y deseos. Interésese en actividades que disfrute y encuentre relajantes.
Ejercítese regularmente. Cuidar de si mismo le ayuda a mantener su mente y cuerpo listos para enfrentarse a situaciones que requieren resiliencia.
Formas adicionales de fortalecer la resiliencia le podrían ser de ayuda. Por ejemplo, escribir sobre sus pensamientos y sentimientos más profundos relacionados con la experiencia traumática u otros eventos estresantes en sus vidas.
La meditación y las prácticas espirituales ayudan a algunas personas a establecer relaciones y restaurar la esperanza.
La clave es identificar actividades que podrían ayudarle a construir una estrategia personal para desarrollar la resiliencia.



Aprender del pasado
Enfocarse en las experiencias y en sus fuentes de fortaleza personal del pasado, le puede ayudar a identificar las estrategias para desarrollar resiliencia que funcionan para usted. Explore las respuestas a las siguientes preguntas sobre sí mismo y sus reacciones a los retos en su vida. Este ejercicio le puede ayudar a descubrir cómo responder efectivamente a eventos difíciles.

Considere lo siguiente:
ü ¿Qué tipos de eventos le han resultado más difíciles?
ü ¿Cómo le han afectado dichos eventos?
ü ¿Cuándo se encuentra estresado, le ha sido de ayuda pensar en las personas importantes en su vida?
ü ¿Cuándo se enfrenta a una experiencia difícil, a quién ha acudido para que le ayude?
ü ¿Qué ha aprendido sobre sí mismo y sus interacciones con los demás durante momentos difíciles?
ü ¿Le ha ayudado ofrecer apoyo a otras personas que están pasando por una experiencia similar?
ü ¿Ha podido superar los obstáculos, y si es así, cómo?
ü ¿Qué le ha ayudado a sentirse más esperanzado sobre el futuro?



Desarrollo de tolerancia y flexibilidad
La resiliencia conlleva mantener flexibilidad y balance en su vida en la medida que usted confronta circunstancias difíciles y eventos traumáticos. Usted lo puede lograr de diferentes maneras al:
ü Permitirse experimentar emociones fuertes y también reconocer cuando tiene que evitarlas para poder seguir funcionando.
ü Salir adelante y tomar acciones para atender sus problemas y enfrentar las demandas del diario vivir.
ü También, dar un paso atrás para descansar y llenarse de energía nuevamente.
ü Pasar tiempo con sus seres queridos para recibir su apoyo y estímulo, y también su cuidado.
ü Confiar en los demás (por supuesto en quienes merecen tal confianza a riesgo de parecer idiota) así como confiar en sí mismo y las propias percepciones personales.

Donde acudir por ayuda y sostén
Obtener ayuda cuando la necesita es crucial para construir resiliencia. Más allá de la familia y amistades, las personas encuentran ayuda en:

a)   Grupos de auto-ayuda y apoyo. Estos grupos comunitarios pueden ayudar a las personas que luchan con dificultades tales como la pérdida de una persona querida. Al compartir información, ideas y emociones, las personas que participan en los grupos pueden ayudarse a sí mismos y encontrar apoyo al reconocer que no se encuentran solas ante esa difícil situación.


b)   Libros y publicaciones escritos por personas que han manejado con éxito situaciones adversas, como sobrevivir el cáncer. Estas historias pueden motivar a los lectores a encontrar estrategias que puedan ayudarles personalmente.


c)   Recursos en línea. La información en las páginas de la Web puede ser una fuente de ideas. Hay que tener sumo cuidado con la calidad de las fuentes de información, pues esta varía dependiendo las páginas que consulte. (Personalmente concuerdo con Ray Bradbury cuando expresó “Internet es un Chusmerío”)


Para muchas personas, utilizar sus propios recursos y los tipos de ayuda que hemos mencionado, pueden ser suficientes para construir resiliencia. Sin embargo, en algunas ocasiones una persona puede no avanzar o tener dificultades para progresar en el camino de la resiliencia.
Un profesional experimentado, como un psicólogo puede dar asistencia a las personas para desarrollar una estrategia apropiada para salir adelante. Es importante que usted obtenga ayuda profesional si siente que no puede funcionar o desarrollar las actividades básicas de la vida diaria, como resultado de vivir una experiencia traumática o estresante, tal como sobrevivir un huracán.
Diferentes personas tienden a sentirse cómodas con diferentes estilos de interacción. Una persona puede sentirse cómoda y establecer una relación de afinidad y empatía al trabajar con un profesional de la salud mental o participar en un grupo de apoyo.





El Rio de la Vida
Para resumir varios de los puntos principales en este ensayo, piense en desarrollar Resiliencia como algo parecido a tomar un viaje río abajo en una balsa.

El Rio como metáfora de la Vida misma viene siendo objeto de reflexión desde los tiempos de Heráclito.

En un río, puede encontrar rápidos, virajes, aguas lentas y áreas poco profundas. 
A veces implica un terrible salto al vacío.
Como en la vida, los cambios que experimenta en el camino le afectan de forma diferente.
Viajar por el río, le ayuda el conocerlo y recordar las experiencias pasadas que ha tenido con él. Su viaje debe ser guiado por un plan, una estrategia que considere funciona para usted.
La perseverancia y la confianza en su capacidad para evitar los peñones y otros obstáculos son importantes. Puede ganar valor y perspicacia al navegar con éxito en las aguas embravecidas.
Puede bajarse de la balsa y descansar en la orilla del río. Sin embargo, para terminar su viaje debe remontar la balsa y continuar.
La información ofrecida en este ensayo no debe usarse como substituto del cuidado profesional de salud general y de salud mental, o de la consulta a estos profesionales. Las personas que consideran que necesitan o que se beneficiarían de ese cuidado deben consultar un psicólogo u otros profesionales licenciados de la salud general y salud mental.

Reconocimientos:
El Directorado de Práctica de la Asociación Americana de Psicología reconoce la contribución de las siguientes personas a esta contribución:
·         Lillian Comas-Díaz, Ph.D., Directora, Transcultural Mental Health Institute (Instituto Transcultural de Salud Mental), Washington, D.C.
·         Suniya S. Luther, Ph.D., Teachers College, Columbia University, New York City, NY
·         Salvatore R. Maddi, Ph.D., The Hardiness Institute, Inc., Universidad de California Irvine, Newport Beach, CA


Nota Importante: Esta información puede ser reproducida íntegramente, siempre y cuando se acredite que provienen de la Asociación Americana de Psicología (APA).  http://www.apa.org/centrodeapoyo/resiliencia-camino.aspx



viernes, 5 de junio de 2015

Acoso Moral - Extracto del libro de MF Hirigoyen, por Vivina Perla Salvetti


  • ¿Qué es exactamente el “Acoso moral”?
  • ¿Quién la inicia y cuándo deviene en Confabulación Grupal Perversa?
  • ¿Bajo qué circunstancias y cuáles son los oscuros intereses dominantes se genera un pequeño foco de malestar grupal contra una persona particular y  retroalimentan un problema de proporciones tales que ningún profesional (médico, jurídico  u otro) socorre o defienda a la víctima debido al grave riesgo de terminar  gravemente involucrado o afectado,  sometiendo a la víctima al más absoluto aislamiento e indefensión?
  • ¿Cómo se llega al punto en que toda búsqueda de justicia legítima por parte de la víctima consiga adquirir la apariencia de delito?
  • ¿Cómo distinguir entre una enfermedad psiquátrica previa por parte de la víctima y los desbordes convenientemente provocados a posteriori por el Grupo perverso tendientes a destruir la dignidad de la víctima con el claro objeto por parte del grupo delictivo de conseguir impunidad? 

Del Acoso Moral, a la Confabulación Grupal
Extracto del análisis propuesto por  Marie-France Hirigoyen

La relación entre el individuo y la sociedad resulta compleja y no son escasos los procesos en los que la lucha por el poder se enmascara mediante fórmulas morales perversas.
En su trabajo de 1998 traducido como  El acoso moral, la terapeuta Marie-France Hirigoyen presentó un análisis extremadamente clarificador acerca de cómo en nuestro alrededor se puede destruir a alguien de manera sutil, empleando solamente palabras, insinuaciones, rumores; esto es, mediante una violencia perversa que se ha traducido como “Acoso Moral”, al  mobbing anglosajón.

(Según el estudio de la OIT, el término inglés bullying equivale a novatada y se dan cifras de casi el 10%, en tanto que el término mobbing se refiere a persecuciones colectivas sobre un individuo en particular)

Personalmente  y atendiendo al término anglosajón inicial,(mobbing) me parece más adecuado el término de Confabulación Grupal manifiesta en diferentes grados de violencia
Hirigoyen analiza la presencia de este fenómeno en la vida cotidiana, ya fuera en el ámbito privado o en el lugar de trabajo.
El análisis disecciona en qué consiste tal acoso, fuertemente condicionado por las características del agresor y de la víctima, así como también las consecuencias reales para la víctima y su entorno.


A continuación presento un resumen de sus conceptos sobre el fenómeno traducido al español como Acoso Moral, donde resulta iluminadora:

  • Distinción entre acoso, conflicto de personalidades y confabulación grupal
  • El papel crucial de líderes perversos en su inicio y desarrollo.


Definición de acoso moral
El acoso consiste en una violencia insidiosa, fría, solapada, tanto más peligrosa cuanto que es casi invisible. Se nutre de pequeños ataques repetidos, a menudo sin testigos, a veces no verbales, o ambiguos, por ser susceptibles de doble interpretación. Cada ataque por separado no es verdaderamente grave.
Pero es el efecto acumulativo de estos microtraumatismos frecuentes y repetidos  por parte de un grupo sobre un individuo en particular lo que constituye la agresión.

El grupo procura excluir a una persona de una comunidad privándola poco a poco de su identidad, su papel, su función, su categoría, su imagen, “desintegrándola socialmente”, anulándola simbólicamente.

Hirigoyen aclara que se trata de una noción subjetiva, donde hay que tener en cuenta por un lado la actuación colectiva perversa  y por otro las consecuencias individuales sobre la salud y la dignidad de la víctima.

Todos los medios son buenos para el acosador que busca la destrucción de la persona elegida, aun a riesgo de adoptar comportamientos perjudiciales para los objetivos y los intereses de la organización.



¿Quién, cómo y dónde surge? 
Mecanismos de perversión moral

En el caso del acoso moral en el ámbito laboral, es interesante prestar atención a los mecanismos de la perversión moral que construyen el acoso.
Según Hirigoyen, las víctimas de acoso no son personas afectadas por alguna patología o particularmente débiles.
 Por el contrario, el acoso empieza cuando una víctima reacciona contra el autoritarismo o no se deja avasallar. Su capacidad de resistir a pesar de las presiones es lo que la señala como blanco. 
  • El acoso se vuelve posible porque viene precedido de una descalificación de la víctima por parte del perverso -que el grupo ha aceptado primero, y luego avalará-. Esta depreciación de la víctima justifica posteriormente la crueldad que se ha ejercido contra ella y conduce a pensar que se merece lo que le ocurre” (p.50).
Sin embargo las víctimas no son holgazanas, sino todo lo contrario. A menudo son personas escrupulosas, dedicadas a su trabajo, perfeccionistas, que desean ser impecables. En cierto modo se utiliza un proceso semejante al de la profecía que se cumple a sí misma:
  • “Cuando el proceso de acoso se instaura, la víctima es estigmatizada: se dice que el trato con ella es difícil, que tiene mal carácter, o que está loca. Se considera que su personalidad es la responsable de las consecuencias del conflicto, y la gente se olvida de cómo era antes o de cómo es en otro contexto. Una vez que a la víctima se la saca de sus casillas, no es extraño que se convierta en lo que pretenden convertirla. Una persona acosada no puede rendir al máximo de sus posibilidades. Presta menos atención, se muestra ineficaz y da pie a que se critique la calidad de su trabajo. Llegados a este punto a los compañeros les resulta fácil separarse de ella, dada su incompetencia o su falta de profesionalidad” (p.51).

Las causas pueden ser diversas. Los grupos soportan mal la diferencia: A veces el acoso es suscitado por un sentimiento de envidia respecto de alguien que posee algo que los demás no poseen, o bien entre compañeros por enemistades personales, o como forma de competencia en la que un protagonista intenta destacar a costa del otro.
Hirigoyen aclara que entre individuos rivales es legítima una lucha por el poder, siempre que se trate de una competición en la que todos tengan su oportunidad.


Resulta clarividente la exposición de Hirigoyen sobre las maniobras perversas:
  • “Cuando un individuo perverso entra en un grupo, tiende a reunir a su alrededor a sus miembros más dóciles con la idea de seducirlos. Si un individuo se niega a alistarse, el grupo lo rechaza y lo convierte en chivo expiatorio. De este modo, entre los miembros del grupo, se crea una relación social en torno a la crítica común de la persona aislada, y en torno a los cotilleos y los chismes. En este punto, el grupo ya se halla bajo la influencia del perverso e imita su cinismo y su falta de respeto. No se puede decir que estos individuos hayan perdido todo su sentido moral, pero, al depender de una persona sin escrúpulos, han perdido todo su sentido crítico.
  • Stanley Milgram, un psicólogo social norteamericano, estudió, entre 1950 y 1963, el fenómeno del sometimiento a la autoridad. Su método era el siguiente: 'Una persona acude a un laboratorio de psicología en donde se le ruega que ejecute una serie de acciones que van a entrar progresivamente en conflicto con su conciencia. La cuestión estriba en saber hasta qué punto preciso seguirá las instrucciones del experimentador antes de negarse a ejecutar unas acciones determinadas'. En su conclusión, establece que 'personas normales, carentes de toda hostilidad, pueden convertirse, cuando trabajan, en agentes de un proceso atroz de destrucción'. Christophe Dejours, que habla de la trivialización social del mal, ratifica esta observación. Efectivamente, hay individuos que necesitan una autoridad superior para alcanzar un cierto equilibrio. Los perversos utilizan esta docilidad en su propio beneficio, y la usan también para hacer sufrir a los demás.
  • El objetivo de un individuo perverso es acceder al poder o mantenerse en él -para lo cual utiliza cualquier medio-, o bien ocultar su propia incompetencia. Para ello necesita desembarazarse de todo aquel que pueda significar un obstáculo para sus propósitos, y de todo aquel que pueda ver con demasiada lucidez sus modos de obrar” (p.63).


Inicio y retroalimentación del perverso proceso de Acoso

Se hace necesario distinguir el acoso de los conflictos que surgen en cualquier grupo.
Dentro de cualquier grupo, es habitual que se dé una manifestación de conflictos. Un comentario hiriente en un momento de nervios o de malhumor no es significativo, sobre todo si a continuación se piden disculpas.
Pero es la repetición de las vejaciones, de las humillación, sin que se haga el menor esfuerzo por matizarlas, lo que constituye el fenómeno destructor.
En un primer momento, las personas afectadas no quieren ofenderse y se toman a la ligera las primeras puyas y vejaciones. Luego los ataques se multiplican y la víctima se ve acorralada repetidamente, en situación de inferioridad, sometida a maniobras hostiles y degradantes durante mucho tiempo.
Debido a todas estas agresiones la víctima no se  derrumba inmediatamente pero va perdiendo una parte de sí misma. Cada tarde vuelve a casa sintiéndose usada, humillada, degradada.
Cuesta mucho recuperarse.
Cuando surge el acoso, es como una máquina que se pone en marcha y puede machacarlo todo. El grupo tarda en reconocer un fenómeno que causa espanto, porque es inhumano, sin estado de ánimo y sin piedad.
 El entorno profesional, por cobardía, por egoísmo o por temor, prefiere mantenerse al margen. Una vez puesto en marcha este tipo de interacción asimétrica y destructora, no hará más que ampliarse a menos que un elemento externo intervenga con energía con el propósito de introducir cambios en el sentido de la trayectoria.
No caben dudas que una situación de violencia perversa suele anestesiar a la víctima, la cual no mostrará entonces más que lo peor de sí misma.
Se trata de un fenómeno circular. De nada sirve en ese caso tratar de averiguar quién ha provocado el conflicto. Incluso se llega  a olvidar la causa inicial del conflicto, o cómo era la víctima antes de iniciarse la espiral destructiva:
El agresor alimenta comportamientos deliberados encaminados  a provocar ansiedad en la víctima, lo que genera en ella una actitud defensiva, a su vez generadora de nuevas agresiones.
Tras un determinado periodo de evolución del conflicto, se ponen en marcha fenómenos de fobia recíproca: la visión de la persona odiada desencadena una rabia fría en el agresor, la visión del perseguidor provoca en la víctima una reacción de temor. Es un reflejo condicionado agresivo o defensivo.
El temor desencadena en la víctima comportamientos patológicos que servirán de disculpa para justificar retroactivamente la agresión. Muchas veces la víctima reacciona de manera vehemente y confusa.
Cualquier medida que tome, cualquier cosa que haga servirá para que sus perseguidores la vuelvan en su contra.
Después de todo, el objetivo de la maniobra perversa es dejarla desconcertada, inducirla a la confusión total y a cometer equivocaciones.
No son pocos los casos que tal maniobra perversa condujo al desesperado suicidio de la víctima.




Distinguiendo entre acoso velado y conflicto evidente:
 Según lo describe Hirigoyen  es preciso no confundir al acoso con el estrés, o con los conflictos que suelen surgir entre las personas.
Lo que distingue el acoso moral del conflicto es el carácter no explicitado del primero.

¿Acoso grupal o estrés por sobrecarga?
Tal como describe Hirigoyen, en el estrés, al contrario de lo que sucede con el acoso, no hay intencionalidad malévola.
No hay que confundir exigencias laborales para optimizar la eficiencia laboral de todo el grupo, del acoso moral que se dirige sobre una persona en particular.
La gestión con estrés a veces genera consecuencias desastrosas para la salud. En cambio, ya hemos visto cómo el acoso moral se dirige específicamente a una persona. Esta violencia no es útil ni a la organización ni a la buena marcha de la empresa y, en último término, produce el resultado contrario.

Conflictos
Conviene igualmente distinguir el acoso insidioso de un conflicto en el que se manifiestan los reproches (en cierto modo, se ha declarado la guerra).
Hirigoyen sostiene repetidamente que si hay acoso moral, es precisamente porque no ha conseguido brotar ningún conflicto,  quedando velado y sin explicitar.
 Hirigoyen también señala que es preciso igualmente distinguir el acoso moral de:
- el maltrato por parte de la dirección
- Malas condiciones de trabajo
- Mala gestión de las personas
 Según Hirigoyen el acoso moral encuentra su caldo de cultivo en empresas desorganizadas, mal estructuradas o deprimidas, o empresas indulgentes que cierran los ojos ante tales conflictos, o bien los promueven al definir mal las funciones, tener un clima de organización inestable, o falta de consensos imprescindibles.
Hirigoyen considera que, aunque el acoso en el ámbito laboral sea un fenómeno tan viejo como el mismo trabajo, sólo a a partir de la década de los noventa se ha comenzado a identificarlo como un fenómeno que destruye el ambiente de trabajo, disminuye la productividad y favorece el ausentismo por desgaste psicologico.




EL MALTRATO PSICOLÓGICO EN LA VIDA COTIDIANA
 Según la psiquiatra y terapeuta francesa Marie-France Hirigoyen, existe la posibilidad de destruir a alguien sólo con palabras, miradas, mentiras, humillaciones o insinuaciones, un proceso de maltrato psicológico en el que un individuo puede conseguir hacer pedazos a otro. Es a lo que denomina violencia perversa o acoso moral.
El primer acto violento siempre consiste en paralizar a su víctima para que no se pueda defender. Pretende mantener al otro en una relación de dependencia o incluso de propiedad para demostrarse a sí mismo su omnipotencia. La víctima, inmensa en la duda y en la culpabilidad, no es capaz de reaccionar.
Todos estos constituyen una serie de comportamientos deliberados por parte del agresor destinados a desencadenar la ansiedad de la víctima, provocando en ella una actitud defensiva, que, a su vez, genera nuevas agresiones.
Se trata de una estrategia perversa no aspira a destruir al otro inmediatamente; prefiere someterlo poco a poco y mantenerlo a su disposición,  conservando el poder para controlarlo. Intenta, de alguna manera, hacer creer que el vínculo de dependencia es irremplazable y que es la víctima quién lo solicita.
Esta perversidad no proviene de un trastorno psiquiátrico, sino de una fría racionalidad que se combina con la incapacidad de considerar a los demás como seres humanos.
El acosador utiliza una serie de métodos para desestabilizar al otro, como por ejemplo: burlarse de sus convicciones, ideas o gustos; ridiculizarlo en público; dejar de dirigirle la palabra; ofenderlo delante de los demás; privarlo de cualquier posibilidad de expresarse; mofarse de sus con sus puntos débiles; hacer alusiones desagradables, sin llegar a aclararlas nunca; poner en tela de juicio sus capacidades de juicio y decisión, etc.
 La agresión propiamente dicha es constante y se lleva a cabo sin hacer ruido, mediante alusiones e insinuaciones, sin que podamos decir en qué momento ha comenzado ni tampoco si se trata realmente de una agresión. Se presenta continuamente y en forma de pequeños toques que se dan todos los días o varias veces a la semana, durante meses e incluso años. Basta que la víctima revele sus debilidades para que el perverso las explote inmediatamente contra ella.
 El mensaje de un perverso siempre es voluntariamente vago e impreciso y genera confusión. Son precisamente estas técnicas indirectas las que desconciertan al interlocutor y hacen que éste tenga dudas sobre la realidad de lo que acaba de ocurrir.
 Un verdadero perverso no suelta jamás su presa. Está persuadido de que tiene razón, y no tiene escrúpulos ni remordimientos.
Pero sin duda, el arte en el que el perverso destaca por excelencia es el de enfrentar a unas personas con otras, el de provocar rivalidades y celos. Esto lo puede conseguir mediante esas alusiones que siembran la duda, mediante mentiras que colocan a las personas en posiciones enfrentadas, o simplemente hace correr rumores que, de una manera imperceptible, herirán a la víctima sin que ésta pueda identificar su origen.
El establecimiento del dominio sume a las víctimas en la confusión: o no se atreven a quejarse o no saben hacerlo. Éstas describen un verdadero empobrecimiento, una anulación parcial de sus facultades y una amputación de su vitalidad y de su espontaneidad. Aunque sientan que son objeto de una injusticia, su confusión es tan grande que no tienen ninguna posibilidad de reaccionar.
 A la hora de afrontar lo que les pasa, las víctimas se sienten solas. ¿Cómo hablar de ello a personas ajenas a la situación? ¿Cómo describir una mirada cargada de odio o una violencia que tan sólo aparece en lo que se sobreentiende y en lo que se silencia?
 En cambio, la fase de odio o violencia, empieza con toda claridad cuando la víctima reacciona e intenta obrar en tanto que sujeto y recuperar un poco de libertad. A partir de este momento abundarán los golpes bajos y las ofensas, así como  palabras que rebajan,  humillan y  convierten en burla todo lo que pueda ser propio de la víctima.
En esta etapa el perverso puede intentar que su víctima actúe contra él para poder acusarla de malvada y violenta. Lo importante siempre es que la víctima parezca responsable de lo que ocurre. Ésta al principio se justifica, y luego se da cuenta de que cuanto más se justifica, más culpable parece.
 Vencer a este tipo de perversos, o esperar que cambien es prácticamente imposible. En todo caso, la víctima debe analizar el problema "fríamente", empezando por dejar de lado la cuestión de culpabilidad.
Para ello primero debe abandonar su ideal de tolerancia absoluta y empezar a reconocer que alguien a quien ama presenta un trastorno de personalidad que resulta peligroso para ella y que debe protegerse.
 Otro de los pasos esenciales consiste en dejar de justificarse. Todas las cosas que hagamos o digamos el perverso cuenta con la rara habilidad de volverlas en contra nuestra.

 También la víctima debe estar prevenida que  cualquier cambio de actitud tenderá a provocar un aumento de las agresiones y de las provocaciones. 
El perverso, convencido de que tiene la razón tratará siempre de culpabilizarnos, por lo que esperar un cambio de actitud por parte de él es prácticamente imposible.
 Y bastante ingenuo por cierto

Bibliografía:

Hirigoyen, Marie-France (1999) El Acoso Moral. Barcelona, Editorial Paidós


Hirigoyen Marie-France (2004) El acoso moral en el trabajo. Conferencia del 17 de septiembre del 2004, en Valencia, subvencionada por  la Agencia europea para la Seguridad y la Salud en el trabajo