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domingo, 27 de marzo de 2016

Galería de espacios viajeros. Isla de Pascua


Hola amigos. Con esta entrega pienso dar inicio a una nueva sección dentro de mi blog dedicada a compartir periódicamente imágenes de espacios asociados con la práctica antropológica, a la que he titulado "espacios viajeros" en tanto merecen ser visitados virtualmente aunque la mayoría de las fotos colgadas hayan eludido mi pequeña camarita doméstica. 
Como muchos amigos bloggeros están celebrando la culminación de Semana Santa, me pareció oportuno cruzar tiempo y espacio dando a conocer imágenes poco conocidas de la isla  descubierta por Jacob Roggenvee en el domingo de la Pascua del año 1722.
También conocida por su nombre aborigen Rapa Nui, es una isla ubicada en el océano Pacifico a casi 4000 kilómetros de distancia de la costa chilena, dato que  recuerda un episodio de mi inexperta juventud cuando ni soñaba que iba a terminar estudiando antropología.
A fines de la década de 1970 viajamos al sur de Chile y la isla de Pascua estaba fuertemente asociada en mi mente al grupo de islas de la costa territorial chilena. 
Debo aclarar que tal supuesto se debía a que las islas de Venezuela están cerca de Venezuela aunque se requiera un avión para acceder a ellas. El caso es que una vez arribado al lugar, en una agencia de excursiones locales pregunté cándidamente cuánto salía el viaje hasta la isla de Pascua y me llevé tremenda sorpresa. De más está decir que a partir de allí aprendí a orientarme en los mapas antes de volver a pasar por la vergüenza de parecer no tener la menor idea de dónde quería ir. Quizás en algún momento pueda concretar tan postergado viaje,  ya que mi único contacto con un moai pascuense fue con el transportado al Paseo de la Costa en Viña del Mar, donde sí  pudimos llegar.


               Ubicación de la Isla de Pascua en medio del Pacifico

La Isla de Pascua es uno de los principales destinos turísticos chilenos debido tanto a su belleza natural como a la misteriosa cultura ancestral de la etnia Rapanui. En el lugar podemos encontrar los mencionados Moais que pueden medir entre 3 y 25 metros y pesar hasta 40 toneladas.

Debo reconocer que la galería de imágenes reunidas y ofrecidas aquí fue posible gracias a las imágenes publicadas por Nat Geo, así como las provenientes de sitios chilenos para difusión turística. Además de preciosas vistas  de los clásicos  Moais, se adjuntan imágenes no tan difundidas de la isla, como su arte rupestre (pinturas y petroglifos), sus hermosas playas, bocas de cráteres que recuerdan su origen volcánico, y otras sobre la historia y estilos de vida de la gente del lugar.


Espero que su imaginación disfrute de pasear por ellas.




1.  Conjunto de antiguas viviendas en centro ceremonial de Orongo. Rapa Nui.. Fotografía de Nicolás Aguayo. En: “Rapa Nui. El Ombligo del Mundo.” José Miguel Ramírez Aliaga. Edición: Museo Chileno de Arte Precolombino.2008.



Paneles con arte rupestre de Manutara y Makohe. Isla de Pascua

Petroglifos del centro ceremonial de Orongo. Isla de Pascua




. Cráter del volcán Rano Kau (Invernadero natural de la isla y fuente de agua dulce). 
Isla de Pascua



Islotes: Motu Nui, Motu iti y Motu Kao Kao vistos desde el centro ceremonial de Orongo, en dirección oeste- Isla de Pascua



Ladera tallada de Maunga 'Eo . Cantera de los Moai: Volcán Rano Raraku. Isla de Pascua,


Moais en ladera del volcán Ranu Raraku. Rapanui 


Playa Ovahe. Isla de Pascua


Playa Anakena. Rapanui

Cabaña o “paepae”. Autor desconocido, S/F. En: “Rongo. La Historia Oculta de Rapa Nui.” Patricia Stambuk. Editorial Pehuén. 2010.



Primer avión que llegó a la isla de Pascua. El avión fue llamado Manutara en honor al mítico pájaro que determinaba el poder anual en la isla. En la foto el avión aparece sobre la pista de aterrizaje de Mataveri, 1951. Isla de Pascua. Autor desconocido. 
En: “Rongo. La Historia Oculta de Rapa Nui.” 


Niñas rapa nui vestidas para bailar en la fiesta del Tapati 2008. Isla de Pascua
.Fotografía de Nicolás Aguayo. En: “Rapa Nui. El Ombligo del Mundo.” 



                                      Como patitos en fila, Foto de Nat Geo



                                                   Foto de Nat Geo


                                                                                           Hasta la próxima amigos!!!

jueves, 24 de marzo de 2016

Tanques en la Universidad .Historias que resisten al olvido


"El tiempo es una de las cosas esenciales de las que tratan las historias. 

Contar una historia preserva al narrador del olvido; cada historia construye la identidad del narrador y el legado que dejará al futuro.

Contar una historia es levantarse en armas contra la amenaza del tiempo" (Alessandro Portelli, Funciones del Tiempo en  Historia Oral)



Hola amigos. A 40 años del último golpe militar en la Argentina, me pareció adecuado compartir con ustedes una entrevista publicada por el equipo de Exactas. La narración está realizada con métodos que recuerdan los utilizados por la Historia Oral, de hecho los audios de la entrevista de Pedraza están disponibles en la Página de Nex Ciencia.


La entrevista permite entonces la reconstrucción de una época desde las emociones vividas por quien era un joven ingresante universitario, cuyas imágenes son compartidas por quienes recordamos que el Golpe Militar sencillamente agudizó y profundizó la persecución ideológica  iniciada en democracia por la Triple AAA.

Si me permiten , creo que este es un ámbito y el momento adecuado para compartir mis propias recuerdos sobre esos días oscuros previos al derrocamiento del gobierno democrático de Isabel Perón. Eran días en los que se comenzaba a comentar por lo bajo del secuestro violento en horas de la noche de jóvenes de quienes que no volvía a saberse más, como ocurrió con el hermano de una compañera del colegio de monjas que vivía a la vuelta de mi casa. Recuerdo que todos sabíamos que “se lo habían llevado” pero ella simplemente no hablaba del asunto, manteniendo con vergüenza un silencio que  lamentablemente se extendería a muchas familias argentinas en los años por venir.
Para ese tiempo mis dos hermanos mellizos, cursaban la escuela pública y militaban en la JP. Recuerdo la ilusión con que fueron a Ezeiza a recibir a Perón y su pánico cuando se vieron envueltos en una confusa e incomprensible balacera de la que se salvaron de milagro. En esos días, como vivíamos a  un par de cuadras del Colegio de mis hermanos,  trajeron como parte de su militancia sin pedirle permiso a mi mami varias cajas de volantes que escondieron en su dormitorio, pero mi mamá, asustada por el clima que se venía viviendo, descubrió las cajas bajo la cama y sin preguntar nada sencillamente las llevó al fondo y les prendió fuego.
En ese clima de temor y represión que vivíamos en democracia (nunca está de más enfatizarlo cuando observamos rémoras de violenta e inconcebible represión policial ocurridas semanas atrás) me vienen a la memoria otro de las imágenes que resisten el paso del tiempo. 
Recuerdo la reacción visceral  de mi mamá apenas se enteró por un vecino que una manifestación en frente del colegio estaba siendo fuertemente intervenida por la policía armada y sin pensarlo salió a buscar a mis hermanos. Sencillamente no pensó en las consecuencias personales, simplemente respondió al impulso de querer protegerlos o en caso que quisieran detenerlos estar cerca para hacerse responsable de ellos como menores de edad. Parte del discurso que circulaba por lo bajo en esos días sostenía que los subversivos respondían a padres que no los educaban ni cuidaban adecuadamente.  Al rato mi madre volvió con los ojos enrojecidos por el gas pimienta, y bastante angustiada porque no había podido encontrarlos en la manifestación.
Por fortuna, pocos minutos después mis dos hermanos regresaron como si nada: habían conseguido refugiarse en "La Biblioteca", conocido bar de estudiantes, apenas se enteraron que venían a reprimirlos.
Mi pobre vieja, con los ojos enrojecidos durante varias horas, tuvo que padecer además las bromas de mis hermanos por tratarlos como niños.
Los melli, con apenas catorce años, se sentían Hombres para defender la Democracia.



Tanques de Guerra en la Universidad
Entrevista al profesor Pedraza

Juan Carlos Pedraza es matemático. Luego de aprobar el examen ingresó a la Facultad en 1976. Por esas infaustas casualidades debía presentar la documentación justo el 24 de marzo. Cursó su carrera, se recibió y fue docente durante la dictadura. Al cumplirse cuatro décadas del último golpe cívico militar de la Argentina, Pedraza recuerda el día que vio tanques de guerra frente al Pabellón I de Ciudad Universitaria, describe el terror que se vivía a diario y define las políticas de memoria como una “clave de supervivencia”.



- ¿Cuándo ingresaste a la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA?
- Empecé en el fatídico año de 1976. Un día como hoy, hace 40 años, daba el examen de ingreso después de haber hecho un curso en febrero, todavía durante el gobierno de Isabel Perón. Y justo el día que tenía que traer los papeles para completar la documentación era el 24 de marzo. Por razones obvias no pude cumplimentar el trámite ese día.

- Me gustaría que me des más detalles acerca del examen de ingreso que había que dar para ingresar a Exactas.
- En aquel entonces todavía había cupo y un curso muy breve durante el mes de febrero. En ese momento, el examen era sólo de matemática. En mi carrera iban a entrar 80 personas nada más. Me acuerdo de ese número fatídico porque te generaba una enorme angustia. Para que quede claro: no alcanzaba con aprobar, había que estar entre los 80 mejores. Yo venía de una escuela de Mataderos y muchos de los temas que se veían en el examen de ingreso eran totalmente nuevos para mí. Fue angustiante, sobre todo que uno estaba al lado de compañeros que venían de escuelas mejores y a los que todo les parecía un paseo. Era muy discriminatorio. Lo cierto es que era una etapa en la cual una familia vivía como un riesgo que un hijo adolescente fuera a la universidad. Y después del Golpe muchísimo más, era una angustia permanente.

- Previo a tu ingreso en Exactas, ¿qué información manejabas acerca de la situación represiva que se vivía?
- Yo tenía mucha información porque tengo dos hermanos mayores que también pasaron por esta facultad. Mi hermana mayor es bióloga y mi hermano tuvo un paso fugaz por Exactas. Dejó en el 74 cuando estuvo cerrada por la intervención de Alberto Ottalagano. Yo hablaba mucho con mis hermanos mayores en todo ese proceso previo al Golpe. Toda esa etapa la viví muy de cerca.

- Entonces, das bien el examen de ingreso a Exactas y tenías que presentar la documentación justo el 24 de marzo. ¿Qué hiciste ese día?
- Tuve una pelea fuerte en mi casa porque en mi inconsciencia quería venir de todas maneras pero mis viejos no me dejaron salir. Vine unas semanas después y recuerdo claramente la imagen de un par de tanques de guerra en la entrada del Pabellón I y mucha presencia militar. El colectivo llegó hasta Güiraldes y pegó la vuelta, nos tuvimos que volver. Tiempo después pude completar los trámites. El clima había cambiado para peor porque recuerdo que durante los trámites del examen de ingreso, a pesar de la intervención de Ottalagano, había militantes caminando por las colas, las agrupaciones hacían sus propagandas. Eso ya no estaba. La recomendación era no relacionarse con nadie o hacerlo con muchísimo cuidado. Ese fue el clima que reinó a lo largo de toda mi carrera. Uno aprendió a vivir en ese clima. A veces pienso que la Facultad se volvió un lugar más seguro que el afuera simplemente porque uno aprendió mejor los códigos. El riesgo mayor estaba en la calle. Llegar tarde a tu casa, ese era el verdadero terror. En la facultad uno aprendía a moverse en ese clima. Mucho más adelante, en el año 80, cuando yo ya era docente ayudante se demoró el pago de salarios y los docentes nos empezamos a organizar, hicimos una nota y ya se empezó a hablar, en voz baja, de la idea de generar un gremio para empezar a defender los derechos de los docentes. Proceso que, más adelante, derivaría en la creación de la AGD. Ahí me di cuenta de que no conocía a nadie más que a un entorno muy pequeño del Departamento de Matemática. Y que empezar a caminar la facultad era conocer lugares que no había visitado en cuatro años. Cruzar la puerta donde terminaba Matemática y empezaba Meteorología ya era un mundo nuevo. Uno tal vez pasaba caminando por un pasillo hacia el ascensor pero no se detenía ante nadie o ante nada porque tenía incorporado ese comportamiento como un acto de prudencia en esa época represiva.



- ¿Cómo era venir a cursar en un día común?
- En el Pabellón I, igual que en el II, estaba instalada la policía. Ocupaba lo que ahora es la Biblioteca Noriega. Esa era la comisaria y en la puerta siempre había dos o tres policías de guardia que revisaban sistemáticamente todo lo que uno entraba: mochilas, libros, buscando no se qué. A veces demoraban a algún compañero y había que estar atento para pedirle a algún profesor que intercediera porque en la mayoría de los casos eran malos entendidos o ignorancia del policía de turno frente a algún libro en otro idioma o de la editorial MIR que, como era soviética, generaba sospechas en algún policía que le hacía pasar un mal rato a un compañero.

- Escuchar hoy que había una comisaría dentro del Pabellón I parece algo que es imposible que haya ocurrido alguna vez en Exactas ¿Cómo se convivía con eso?
- Uno lo iba naturalizando. Y por eso digo que uno aprendía los códigos internos. Acá no se hablaba de otros temas más allá del fútbol o del último disco de rock. Otro tipo de conversación se hacía afuera de la Facultad. Siguiendo esos códigos uno se sentía más tranquilo a pesar de que, en determinadas clases, aparecía gente que uno no sabía quiénes eran, ni qué hacían escuchando al profesor. El tipo no debía entender nada tomando apuntes sobre espacios vectoriales. Parecía medio gracioso pero, visto en perspectiva, era terrible. Uno sospechaba que eran agentes. Los iban cambiando pero uno lograba distinguirlos porque éramos pocos y nos conocíamos todos. Puede ser que haya habido infiltraciones más sistemáticas que se nos hayan pasado pero en general los descubríamos. Eran muy berretas.

Da la sensación de que uno de los objetivos de la dictadura era que alumnos y docentes sintieran que existía un control permanente.
- Exacto. El mensaje familiar y el que sobrevolaba todo el contexto social era “no te metas en nada” porque era de altísimo riesgo. Yo, por las conexiones que tenían mis hermanos, sabía de casos. Y eso te generaba mucho miedo. Por eso te decía que el afuera era mucho peor que el adentro porque siempre me daba pánico, cuando llegaba tarde a mi casa, no que me asaltaran, el miedo era que te parara la policía o el ejército que era todavía peor. Y, en esas circunstancias, se sabía que podía ser la última vez que te vieran.

- ¿Viviste durante tus años de cursada algún tipo de acción represiva violenta en la Facultad?

- Sólo situaciones más bien anecdóticas. Recuerdo que, por los años 80, empezó a circular una revista por los distintos departamentos que se llamaba Interacción hecha, básicamente, por estudiantes de Física. Era una publicación netamente científica si bien era también un intento de resistencia porque era una producción clandestina, no estaba autorizada. En una ocasión, demoraron a un par de chicos que llevaban esas revistas y tuvimos que pedir ayuda a Santaló y a Balanzat (que era el director del Departamento). Ellos llamaron a la comisaría y lograron la libertad de esos dos chicos. En ese momento tuvimos mucho miedo de que se los llevaran de la Facultad porque ahí uno perdía el control. Después, situaciones directas que haya visto, no; que haya sabido sí, de compañeros que dejaban de venir. Se decía “le fue mal”, “dejó” y uno sabía que no había dejado, que eran otras circunstancias. Uno podía hacer poco o hacía poco, no sé.

¿Esa información cómo circulaba entre estudiantes y docentes? ¿Cómo se enteraban?
- En mi caso llevaba como una doble vida. Yo era muy prudente dentro de la Facultad y de esas cosas me iba enterando por mi hermana o en conversaciones en una casa, donde uno se sentía más protegido. Nunca era tema de conversación dentro de la Facultad. Siempre parecía que la mesa de al lado podía escuchar.



¿Cuál era la situación en términos académicos? Particularmente la matemática era vista como subversiva por los militares que prohibieron algunos de sus contenidos.
- En la Facultad se vivía como algo gracioso, incluso los profesores más conservadores se lo tomaron a la risa y se opusieron a ese tipo de sospechas absurdas. El Departamento de Matemática creo que tuvo ventajas respecto de otros departamentos porque la gestión de Manuel Balanzat y la impronta de Santaló le dieron una mayor apertura, dentro de lo que se podía esperar en aquella época. Por eso, en lo académico, creo que la situación del Departamento fue privilegiada, a pesar de que hubo personajes de miedo, como Trejo (César, Decano de Exactas durante una etapa de la dictadura) y algunos otros. Pero todo eso creo que fue más grave entre el 74 y el 76 que durante la dictadura misma.

¿Con el correr del tiempo se fueron relajando los controles represivos?
- Sí, de hecho en el 81 empezamos a generar las primeras asambleas. Al principio poníamos los carteles mirando hacia los costados, pero después nos reuníamos entre 30 y 40 personas en alguna de las aulas. El 30 de marzo del 82, dos días antes de la guerra de Malvinas, hubo una marcha muy importante de la CGT a Plaza de Mayo, yo fui solo y me sorprendí de encontrar a un montón de gente de la Facultad que no me la imaginada en esa marcha. Y ahí me di cuenta de todo el silencio que habíamos vivido y que había quedado instalado. Era la época del “se va a acabar” y ahí empezamos a tomar conciencia de que desde acá se podía hacer algo. Realmente se produjo un relajamiento del control social. Después, durante la guerra de Malvinas se vivió un período que fue difícil porque la guerra dividió aguas incluso en el campo popular y ahí volvimos a sentir miedo de hablar. Pero, luego de la guerra, empezó un proceso que se hizo imparable. Yo creo que fue el principio del fin.

¿Está presente hoy en los estudiantes esta memoria de lo ocurrido durante la dictadura?
- No se puede generalizar. No es que los que estábamos hace 40 años pensábamos todos lo mismo, ni que ahora el grado de conciencia de los estudiantes sea todo igual. Veo estudiantes muy movilizados, muy conscientes de su papel en la sociedad como estudiantes y como futuros científicos y veo otros que no. Pero bueno, yo creo que mantener viva la memoria de lo que ocurrió en la dictadura es un trabajo constante de todos, particularmente de los que vivimos esa época, de los que tenemos más información. El otro día firmaba una designación de un docente y su fecha de nacimiento era 1984. Hay una diferencia muy grande entre haber vivido el terror y leerlo en los libros de historia. Por eso, es un deber nuestro estar constantemente machacando la memoria. Y hoy, en este nuevo contexto, donde parece que nos tenemos que preparar para confrontar con intereses similares en nuevos escenarios y donde va a haber que generar nuevas estrategias y ser muy inteligentes, yo creo que este rescate de la memoria más que una necesidad es una obligación moral. Es una clave para supervivencia no dejar que estas cosas se olviden.







sábado, 19 de marzo de 2016

Mala praxis científica (V). Resumen y Conclusiones




Esta es la última entrega de la serie sobre mala praxis científica, respecto de ciencia  entendida como el acto de inscribir por escrito y en las publicaciones adecuadas los aportes de investigaciones que se presumen realizadas conforme a normas claramente establecidas al interior de cada disciplina particular.

Aprovecho la ocasión para agradecer el entrenamiento que recibimos por parte de los profesores de la carrera de Ciencias Antropológicas en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Es la mirada crítica que nos hizo cuestionar desde el primer año de la carrera la validez metodológica de la "antropología estructural" presentada por  Levi-Strauss sin importar que fuera tomada a pie juntillas fuera de la antropología por  el psicoanalista Jacques Lacan. Después de varios años, y casi sin darme cuenta me encuentro más de una vez leyendo artículos en la enorme biblioteca de Babel que es Internet, y pensando “Si esto lo presentaran en Filo, sería rechazado.”

¡Gracias Profes!





Fraude científico (V). Resumen y conclusiones
Basado en la serie ofrecida por Joaquín Sevilla

El fraude científico existe, existe desde siempre y hay casos entre los científicos más famosos. Desde Ptolomeo hasta la actualidad, pasando por Mendel, Galileo o el hombre de Pitdown, los casos son innumerables. Y no son algunos casos anecdóticos, según estudios realizados entre el 66% y el 72% de los científicos admite realizar algún tipo de malas prácticas y uno de cada 50 admite falsificar o inventar resultados. Lamentablemente no existe método científico normativo ni ninguna otra característica que proporcione criterios de demarcación definidos a priori entre lo que es científico y lo que no lo es.
La idea de que la mayoría de los científicos son honestos y hay unas pocas manzanas podridas es demasiado simplista. Es necesario un modelo más elaborado que comienza por mostrar todo un continuo de comportamientos inadecuados en el que no es fácil colocar un umbral que delimite las manzanas sanas de las podridas. De hecho, y siguiendo los trabajos de Dan Ariely, podemos establecer la existencia de un umbral de "burradas" aceptable tanto por el individuo como por la comunidad.
Se pueden identificar dos tipos de fraude: el movido inicialmente por el deseo de descubrimiento (tipo 1) y el derivado de la presión profesional (tipo 2). En el primero el científico empuja progresivamente el umbral de lo aceptable, manteniendo una autopercepción de honorabilidad mientras que en el segundo se salta el umbral a conciencia.
Contribuyen al de tipo 2 presiones externas como la necesidad de publicación e internas como la vanidad.
El de tipo 1, más consustancial al avance científico, se produce cuando se explora sin éxito los bordes del paradigma vigente (en términos de Kuhn) y corre riesgos para derivar en ciencia patológica.
El modelo propuesto se resume gráficamente en la figura 1, y esquemáticamente en los puntos ofrecidos a continuación.



Figura 1. Resumen esquemático del modelo propuesto para analizar el fraude. Los comportamientos cuestionables forman un continuo sin fronteras definidas en el que hay un umbral aceptable. Ese umbral se puede empujar o saltar dando lugar a dos tipos de fraude. Las prácticas cuestionables masivas están en el entorno del umbral aceptable, quedando un número mucho más reducido de auténticas manzanas podridas. (Imagen original de César Tomé)


El umbral aceptable. Clasificación esquemática


a)    El estado “honesto” de partida considera un umbral de “burradas” aceptable

     b)  Ingreso en la pendiente inclinada hacia dos tipos de delito:

Tipo 1.- Empujar el umbral en pos de probar una idea sin importar cómo.
Tipo 2.- Saltarse directamente el umbral en pos de méritos egoístas.





c)   El fraude tipo 2 tiene que ver con el equilibrio psicológico del individuo que cede ante presiones inconfesables.
d)    En el fraude tipo 1 se incurre al procurar salir del entorno seguro del paradigma según Kuhn en busca de hipótesis revolucionarias sin que importe cómo sostenerlas.



e)    A la luz de este modelo podemos entender mejor los resultados de los estudios antes comentados. Las prácticas que aceptan llevar a cabo la mayoría de los científicos (recordemos, entre el 66% y el 72%) estarían dentro  del umbral de lo aceptable

Cuando se pregunta por errores de poca monta, expresamente se reconoce que no está bien, pero de alguna forma se asume que tampoco está tan mal y que “a todo el mundo le pasa”. (Ariely)
Las prácticas que son manifiestamente fraudulentas y voluntarias, como inventar datos, o sabotear investigaciones de la competencia, serían realizadas por una minoría, lo que resulta compatible con la idea de “unas pocas manzanas  podridas”.
La existencia de errores y fraudes en la investigación científica se relacionan con los siguientes escollos para el avance de la ciencia: retractación de artículos e irreproducibilidad de resultados.
El número de artículos retirados de las publicaciones, aunque es muy bajo, crece drásticamente desde el año 2000. Estudios recientes intentando reproducir resultados publicados, por ejemplo en psicología, muestran que en la gran mayoría de los casos los resultados no se consiguen reproducir. Un problema que está lejos de resultar anecdótico en bastantes disciplinas científicas.
Para el individuo que se dedica a ella, la ciencia es tanto una actitud vital como una profesión. Además, para la sociedad es un sector de actividad productiva, y en este último sentido la ciencia ha cambiado enormemente en las últimas décadas. En el período de 1996 a 2011 ha habido 20 millones de artículos escritos por 15 millones de autores (1). La ciencia se ha convertido en una actividad de masas.
Las publicaciones científicas existen desde el siglo XVII, pero desde la generalización de Internet se pueden consultar con una facilidad y en un número inimaginable hace tres décadas. Por otro lado, los distintos organismos financiadores de la investigación cada vez son más exigentes con los científicos a su servicio: con menos dinero hay que conseguir más publicaciones en menos tiempo. En mi opinión estas son las razones fundamentales que están detrás de la evolución al alza de las malas prácticas en ciencia que, como veíamos, están aflorando aceleradamente.
La presión por publicar la sufren, de manera angustiosa en ocasiones, todos los miembros de la profesión. Esto hace que el colectivo sea más indulgente ante muestras escasas, análisis estadísticos pobres, descripciones de la metodología poco claras, conflictos de intereses, etc. En resumen, el umbral de las prácticas aceptables se ha desplazado alejándose de la pulcritud, al menos en algunos casos.
Por otro lado, esa disminución de la calidad de lo publicado no pasa desapercibida ante el escrutinio de un número tan vasto de científicos como el que hoy día rastrea las bases de datos a la caza de ideas para sus próximos trabajos.
La presión por publicar desplazó el acento de la calidad a la cantidad. La presión por el índice de impacto parecía una forma ingeniosa de recuperar el nivel de calidad sin reducir la presión, pero parece que eso está llevando a una disminución de la calidad global, aumentando la tolerancia de los científicos con prácticas dudosas y, en algunas disciplinas, llegando a poner en cuestión el propio avance científico de las mismas.
Un sistema que ha crecido de una forma tan explosiva probablemente tiene aún que encontrar una armonización adecuada de los distintos intereses que alberga.
En este camino, la presión por la productividad se tendrá que ver atemperada por la relevancia y la calidad de dichos productos. Para conseguirlo habrá que tener en cuenta cuestiones tales como la incorporación de proyectos colaborativos a gran escala, la cultura de la replicación, el registro, el establecimiento de buenas prácticas de reproducibilidad, la mejora de métodos estadísticos, la estandarización de definiciones y análisis, etc. según recomendaciones de Ioannidis (ver nota 1).
El umbral de lo aceptable se ha desplazado hasta límites que en realidad no queríamos aceptar y es necesario trabajar para devolverlo a un lugar más razonable.

Referencias:
(1) Ioannidis JPA (2014) How to Make More Published Research True. PLoS Med 11(10): e1001747. doi: 10.1371/journal.pmed.1001747