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viernes, 28 de julio de 2017

Armando Reverón III - Entrevista al Dr. Artiles Huerta


                                            El Patio del Sanatorio, 1953
 (Realizado durante la última internación del pintor)

Hola amigos.
En esta entrega comparto con ustedes la entrevista ofrecida por el Dr Héctor Artiles Huerta a sus 94 años, y quien fuera médico residente del Sanatorio dirigido por Baez Finol y por tanto testigo privilegiado de la última internación del pintor y su fallecimiento ocurrido durante la remisión de la crisis psiquiátrica, mientras estaba preparándose para volver a su estudio a pintar.
Sus expresiones revelan un profundo humanismo médico y permiten conocer un poco más la personalidad de Reverón, y de los efectos de la mirada culturalista en psicoanálisis, aplicada por médicos que se animaron a ponerla en práctica y cuya difusión lamentablemente quedó trunca al no lograr formalizarse académicamente.
Artiles Huerta refiere sus impresiones como joven médico residente. Apoya la observación de Baez Finol respecto del mundo teatral creado por el artista, y con el que el artista profundizó su interacción luego de comenzar a psicoanalizarse con Baez Finol: la elaboración de tales artefactos respondían a la necesidad de luchar con sus padecimientos de salud mental, derivados de enfermedades que afectaron el SNC:
“La historia merece reescribirse... Estar enfermo no es ningún delito, es parte de la condición humana. Cualquier persona puede sufrir algún inconveniente psiquiátrico y sobreponerse. Sin duda alguna, el caso de Reverón es excepcional. A pesar de su enfermedad, nos legó una obra monumental” insiste Artiles Huerta.

El resaltado en el texto es propio

Espero sinceramente que la disfruten.


Entrevista al Dr. Héctor Artiles Huerta. médico residente que acompañó a Reverón durante su última internación

(Realizada por Edgar Abreu, Carmen Acosta y Luis Enríquez, y publicada en la recopilación de Juan Calzadilla “Los Laberintos de la Luz. Reverón y los psiquiatras”)

Héctor Artiles Huerta, como joven médico residente fue uno de los médicos de Armando Reverón que estuvo desde su última crisis hasta el instante final con el artista. Para el momento del fallecimiento, Huerta ejercía como joven médico residente del sanatorio San Jorge. Actualmente, tiene 94 años de edad y guarda en su memoria una infinitud de recuerdos sobre sus vivencias en el sanatorio y sus encuentros con el pintor.
En su casa de retiro se dedica a la lectura, a recibir visitantes, a la vida familiar y a reconstruir los últimos momentos del pintor. Es un hombre pausado y jovial. Cuando habla, todo se transforma en una película muy antigua. Las imágenes de una Caracas ya extinta se asoman en cada momento, y sus manos se hacen pasadizos para fantasmas que vienen cargando sacos y fotografías.
Nos abre las puertas de su pequeño estudio lleno de diplomas y libros, y se sienta presto a dar respuesta a todas las interrogantes. Una vieja radio flanquea su escritorio mientras en la cocina se prepara el almuerzo del día. Detrás del escritorio asoman varios ejemplares de su libro Casos clínicos, en el cual se reseñan las historias psiquiátricas de varios pintores venezolanos, entre ellos, Reverón.
Uno a uno señala los títulos de las obras y los nombres de los artistas. Nada parece escapar a su memoria. Impávido en su sillón, da la imagen de ser un retrato, no de un doctor retirado, sino de un galeno que acaba de ofrecer una consulta o charlar con algún artista en problemas. En el bolsillo de su guayabera guarda una pequeña libreta, que le sirvió como agenda buena parte de su vida.
Parece ser el libro de los secretos, y mientras pasa las hojas amarillentas, comienza a hablar.

Armando Reverón es considerado uno de los pintores más importantes de Venezuela, ello se debe al valor de su obra plástica y creativa; pero otro tanto de esa fama le ha venido por la leyenda que existe en torno a su supuesta “locura”. Es común escuchar el calificativo de loco en cuanto a Reverón se refiere.
 A usted, ¿qué opinión le merece esto?, ¿cómo califica a Reverón?

Artiles Huerta: Reverón era paciente del doctor Báez Finol. Tenía mucho tiempo enfermo. Cuando llegó, era su tercera crisis. No hacía el tratamiento porque se desaparecía. Báez Finol lo trajo como un amigo, no como un paciente hospitalizado. Yo lo había conocido de muchacho en Macuto cuando vivía cerca de Las Quince Letras. Cuando estaba bien, era una maravilla, una persona excepcional. Tenía una personalidad muy particular. No se alimentaba bien y sometía a su cuerpo a situaciones extremas. Se amarraba a nivel abdominal una faja que separaba su parte inferior de la parte superior. En esa tercera intervención, el sanatorio San Jorge estaba en estado de mengua, muy mal, deteriorado. Yo, como médico, lo describo como un enfermo que padeció una sintomatología psiquiátrica caracterizada por muchas alucinaciones. De esa última crisis se recuperó y estuvo ocho días antes de morir en el Museo de Bellas Artes. Estaba muy bien, compartió con sus amigos y los allegados a la exposición.
Nosotros, clínicamente, concluimos que la meningitis que Reverón sufrió de niño en Valencia lo afectó mucho, también los factores hereditarios pudieron influir en su enfermedad.

La psiquiatría moderna desarrolló muchas teorías para definir las patologías mentales, a la par de la atención clínica y las distintas variantes de medicamentos. Trasladando esto al caso de Reverón, ¿qué tan confiable fue el diagnóstico psiquiátrico?, ¿puede equivocarse la psiquiatría?

AH: La psiquiatría cumplió con el tratamiento que ameritaba Reverón; pero nada nos garantizaba que fuera a mejorar porque él tenía mucho tiempo enfermo. En esa época no existían los avances de hoy en día, no contábamos con los aparatos para estudiar el cerebro o las herramientas para diagnosticar con mayor precisión. Reverón contó con toda la atención que le pudimos brindar. Ahora han cambiado los métodos y la medicación; pero en ese momento se hizo todo lo posible para que él sanara de su patología.

En la historia del arte existen muchos ejemplos de grandes personajes o creadores que fueron señalados con algún tipo de patología mental, quizás uno de los ejemplos más semejantes a Reverón (por tratarse de un pintor) es Vincent Van Gogh, incluso se puede mencionar a Goya. En este sentido, ¿qué relación guarda la creación o la genialidad artística con la llamada locura? ¿Cómo definiría usted desde la psiquiatría este hecho?

AH: En el caso de Reverón, era un alucinado; sin duda, sufrió una lesión en el cerebro que lo hacía padecer esas crisis. Uno le veía muy bien y de pronto se desplomaba, entraba en estados muy difíciles. Su sistema cerebral no actuaba a nivel normal y se perdía. El artista es un hombre como todos, solo que posee características especiales. Sabemos que en la Historia hay ejemplos de grandes artistas con trastornos psiquiátricos; sin embargo, eso no implica nada, solo que enferman como cualquier persona. El cerebro es un órgano sumamente delicado. Si se lesiona de niño, esa lesión puede estar presente el resto de la vida y manifestarse en una edad avanzada. Salir de un cuadro psiquiátrico severo producto de lesiones es muy difícil. Los pacientes pueden vivir períodos de vida sin alteraciones, pero cuando se manifiesta la sintomatología, lo hace de manera grave. Cuando pintó el Patio del sanatorio, yo estaba al lado de él; antes se había fabricado sus materiales. Otro día amaneció muy bien y se quedó viendo a César, que era el encargado de seguridad en la parte de los hombres, y lo pintó. Esos cuadros son bellísimos.

¿Qué le manifestaba Reverón en los encuentros del sanatorio?

AH: Contaba de todo, de sus viajes, de sus proyectos, de pintura, de El Castillete. Pero lo más especial era cuando recordaba su encuentro con Juanita, a quien conoció una tarde de Carnavales.
En esos encuentros, su manera de expresarse era perfecta. Hablaba mucho de Ferdinandov (un amigo pintor de su juventud) y de lo que compartieron. Su memoria era prodigiosa. Se preocupaba mucho por sus lienzos, al igual que por las muñecas y su mono. Los días que estaba bien salía a fabricar sus pinceles o a ver el patio. Era un hombre sumamente sereno cuando se concentraba en algo. Tenía cualidades de profesor. Pintando el cuadro del patio del sanatorio, me decía: “Mire, doctor, cómo sale el árbol”. “Mire dóctor, aquí, la sombra”. “Mire, como se va haciendo esto”. Utilizaba los dedos para pintar con una habilidad tremenda, no le hacían falta pinceles.

Desde el punto de vista social, se puede definir a Reverón como un personaje fuera de lo convencional, un transgresor de los moldes. ¿Cree usted que su comportamiento obedecía a una rebeldía?

AH: No era rebeldía, era una enfermedad que afectaba su cerebro e incidía en el comportamiento. Cuando estuvo en Europa, nunca enfermó. Él tenía grandes proyectos y mantenía una normalidad en su vida. Se enamoró de Juanita y juntos construyeron un hogar. De esa manera actúa un hombre normal. Desarrolló su arte. Pero, sin duda, hizo grandes esfuerzos toda su vida. Era una mente creativa que luchaba contra su enfermedad, esto es muy difícil. De pronto estaba pintando, concentrado en su obra, y en medio de las crisis dejaba todo, se olvidaba de la pintura y decía: “Ya, ya, ya, no pinto más”. Las enfermedades de la mente son impredecibles.

¿Se aprovechó de la obra de Reverón gente vinculada con el arte? ¿Cree usted que el calificativo “loco de Macuto” fue la estrategia para aprovecharse económicamente de Reverón?

AH: Claro que sí, prácticamente lo robaban. Por un cuadro le daban cinco u ocho bolívares. Era muy inocente, los daba por nada, a veces los cambiaba por cosas sin ningún valor o utilidad. La obra de Reverón no está totalmente catalogada. Hay gente que tiene un Reverón en su posesión y nunca lo ha mostrado. Los coleccionistas y gente adinerada fueron los principales vivos. En esa época no había leyes que protegieran a los artistas o a los creadores, y Reverón era un hombre sumamente desvinculado del mundo. Sin duda alguna, muchos se aprovecharon de él.

Con respecto a Juanita, la compañera de Reverón, ¿qué nos puede decir?, ¿llegó a conocerla?,¿qué impresión le causó?

AH: Era una mujer maravillosa. Murió mucho tiempo después. Lo cuidaba mucho y estaban enamorados de verdad, no como ahorita que se ven todos esos novios que de novios no tienen nada. Sufría cuando lo veía mal y subía a visitarlo al sanatorio con la esperanza de que mejorara como un hombre normal. Vivió momentos difíciles y sabía quién era Reverón. En el sanatorio, Reverón preguntaba por ella y siempre pedía que la cuidaran.

¿Quién debe entender a quién, el arte a la psiquiatría o la psiquiatra al arte?

AH: La psiquiatría como profesión y ciencia es muy rica, igual que el arte. Los dos campos del mundo son parte de la historia de la humanidad. Pero el arte debe entender a la psiquiatría porque es una ciencia nacida para ayudar a la mente. Hay artistas que son una maravilla, otros padecen desequilibrios. Allí es necesaria la psiquiatría para entender a ese artista, para saber por qué hace eso. Casos así hay muchos en el mundo de la creación.

¿Cómo vivió la muerte de Reverón?

AH: Eso fue horrible, un día trágico. Era sábado y las enfermeras me llamaron a la habitación. Reverón tenía una insuficiencia cardiaca muy grave, estaba muy mal. Nosotros ya habíamos comunicado la situación a la prensa y a los medios de comunicación del momento. Se trataba de un personaje público, él era Venezuela pura, como un gran deportista o una gran personalidad. Desde el mediodía había empeorado mucho y falleció a las dos y media de la tarde. Ese día se fue el pintor del pueblo, un hombre humilde, sin ninguna otra aspiración que pintar sus cuadros y regalarnos con su arte el retrato de nuestro país.

¿Cómo se debe recordar a Reverón?
AH: La historia debe rehacerse, ya que se han falseado muchas cosas sobre Reverón, especialmente con respecto a su enfermedad. El estigma de loco le ha hecho mucho daño a la verdad. En vida se le llamaba el “Loco de Macuto”. Una gran mentira porque Reverón no era ningún loco, era un gran hombre, estaba mejor ubicado en la vida que muchos que se llaman cuerdos.  Su obra así lo demuestra, ese es el mejor testimonio de su grandeza. Hay que imaginarse a un hombre con ese talento, con esas cualidades para la pintura, construyendo todo un mundo mientras luchaba con sus padecimientos de salud. Estar enfermo no es ningún delito, es parte de la condición humana.
Cualquier persona puede sufrir algún inconveniente psiquiátrico y sobreponerse. Sin duda alguna, el caso de Reverón es excepcional. A pesar de su enfermedad, nos legó una obra monumental, y eso tiene un valor inmenso.

(En la próxima entrega compartiré fotos del Castillete y de las esculturas textiles del artista Armando Reverón)
                                                            Hasta la próxima amigos!!!


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