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domingo, 30 de julio de 2017

El concepto de Arte en Sociedades Orales, por Vivina Perla Salvetti


Hola amigos.
Comparto apuntes que vengo realizando hace años respecto a la necesidad de revisar supuestos teóricos al momento de analizar algunos registros arqueológicos

El cuerpo mediatizado, los ritos y la evidencia arqueológica

Estamos tan acostumbrados a participar de la experiencia estética musical respetuosamente sentados en nuestras butacas, o apreciar obras plásticas como la escultura o la pintura desde la experiencia absolutamente visual y silenciosa, que nos cuesta imaginar la experiencia de involucrar el cuerpo y todos los sentidos en el momento de la creación estética grupal.
Una práctica que puede darnos alguna idea de cómo todo el cuerpo  se halló involucrado en la realización de pinturas rupestres [1] son las ceremonias que aún  hoy siguen siendo realizadas en Australia por grupos nativos.
Estos grupos aborígenes abogan en la actualidad por su derecho a continuar con prácticas ancestrales de repintado de imágenes que requieren ser acompañadas de pintura corporal, cantos y danzas. Práctica que, por supuesto choca de frente con la noción europea de patrimonio universal rupestre, que se mira y no se toca, generando grandes debates académicos.
Acerca de la controversia provocada por el repintado de figuras Wandjina, en las rocas de la zona de Kimberley occidental, al noroeste de Australia quizás resulte iluminador conocer de primera mano la visión aborigen en torno al proyecto de repintado y su significación, junto con una explicación y discusión acerca de sus implicancias, tal como se puede apreciar en la declaración de Mowaljarlai publicada originalmente en 1988 que se transcribe parcialmente a continuación:
Alguien me dijo recientemente que el “arte rupestre está muerto”… si el arte está muerto,  no nos importa a nosotros los aborígenes. Nosotros nunca hemos concebido a nuestras pinturas rupestres como Arte. Para nosotros son imágenes con energías que nos mantienen vivos…fueron puestas allí por nuestro Creador Wandjina, para que nosotros supiéramos cómo mantenernos vivos.
“Debemos conducir esas imágenes de vuelta a la tierra danzando  en corrobboreess [2]. Eso nos haría aprender la historia, poner nueva vida en esas imágenes… Nosotros leemos los mensajes sagrados en nuestras pinturas rupestres, de las piedras y de las imágenes de la tierra.
“La historia en nuestras imágenes rupestres es directa. Es por ello que debemos cuidar las imágenes para que la vida en la tierra pueda continuar”


Esta declaración de primera mano resulta sumamente iluminadora para arribar a una comprensión de cómo en estas ceremonias de repintado se hallan involucrados todos los sentidos del cuerpo: constituyen la vía regia para conectarse con sus emociones más profundas, expresar continuidad con la memoria de sus antepasados y cuidar una tierra de la que se sienten tan responsables como de cuidar que las imágenes “se mantengan vivas” desde hace milenios. Nunca concibieron a las pinturas como Arte, sino como imágenes tan vigentes como ellos y su historia.
Se trata de una experiencia vivencial que no debería haber sido muy diferente para nuestros primeros antepasados, inmersos en un mundo de sonidos. La experiencia de los australianos actuales nos permite imaginar que para los primeros europeos las ceremonias involucradas en la realización de pinturas rupestres no deben haber sido muy diferentes.
Por su parte, la Arqueoacústica es una especialidad reciente que estudia el papel de los sonidos en las pinturas rupestres en la vieja Europa. Además de estudiar los “litófonos” (columnas naturales de las cuevas con capacidad para emitir sonidos musicales) otros estudios con instrumentos modernos de medición permitieron corroborar que en cuevas tales como Lascaux, en cada sitio ancestralmente marcado con un punto rojo, el sonido resulta tremendamente amplificado. Pese a las resistencias que tiene que enfrentar esta especialidad en el ámbito académico (obviamente no hay manera materialmente objetiva de constatar que efectivamente nuestros antepasados realmente amplificaron su voz para producir sonidos que imitan los de los animales que estaban pintando) el concepto de búsqueda de sentido mitológico que procura identificarse con su entorno natural ofrece un respaldo para esta reciente disciplina.



Las propuestas de disciplinas como la Arqueoacústica están llamando la atención sobre la necesidad por parte de la academia científica de revisar muchos supuestos que extrapolan directamente la definición de lo humano proveniente de la filosofía clásica en el abordaje del registro correspondiente a grupos paleolíticos
Entre esos supuestos que merecen discutirse se encuentran las definiciones del humano como “animal frío y racional” que elabora abstracciones conceptuales, o que resulta definido por el empleo de la lógica o falta de ella en las clasificaciones, por mencionar solo algunos.
A continuación, se comparten informes de dos hallazgos que fueron publicados en revistas de gran prestigio internacional como lo son Nature y Science, y los debates que suscitaron. Como suelo decir, una cosa son los hallazgos, y otra muy distinta, las interpretaciones sobre los mismos.

Hohle Fels: La caverna de sonidos olvidados
La revista Nature informa que los flautistas más antiguos conocidos hasta ahora vivieron en Europa hace unos 43.000 años luego que un equipo realizara el hallazgo en la cueva de Hohle Fels, Alemania de dos flautas datadas en esta época. Una de las flautas está realizada con marfil de mamut y la otra, mucho más delicada, con el hueso de un buitre leonado. Aunque en un principio se dijo que habían sido realizadas hace 35.000 años, y así se publicó en Nature, posteriormente gracias a un nuevo método de datación que tuvo en cuenta la edad de los huesos de animales de las mismas capas geológicas, se pudo corroborar con mucha mayor aproximación que resultaron 7.000 años más antiguas.[3]

A escasos centímetros de los restos de flautas en Hohle Fels se encontró una figura femenina que recibió el nombre de “La Venus de Hohle Fels”. La pequeña estatuilla de 6 cm. realizada a partir de marfil de mamut y con una antigüedad que data de 40.000 años representa la figura humana más antigua hallada hasta el momento.
Estos descubrimientos, volvieron a encender el debate entre los arqueólogos acerca de los orígenes y propósitos del arte, según manifiesta uno de ellos ante el Museo Smithsoniano mientras pregunta ¿Eran estas representaciones literales del mundo que nos rodea? ¿O  de obras de arte creadas para expresar emociones o ideas abstractas?
Curry pone de manifiesto los puntos de debate. Algunos expertos vieron las piezas talladas y halladas hasta ahora como representaciones "mágicas" para la obtención de animales de caza codiciados y, por tanto herramientas de supervivencia, no obras de arte. El problema (según sigue argumentando) es que muchas de las figurillas descubiertas hasta ahora representaban depredadores como los leones y osos no se corresponden a lo que comían los hombres prehistóricos. (Su dieta consistía principalmente de los renos, bisontes y carne de caballo, de acuerdo con los huesos que los arqueólogos han encontrado.) Otros perciben algunas estatuillas -incluyendo la conocida mitad león, mitad hombre -no como obras imaginativas sino como representaciones literales de alucinaciones experimentadas por chamanes tribales.
Las dudas que expresa el investigador recientemente, demuestran de nuevo que, una cosa son los hallazgos (que requieren ser corroborados por datos duros que dejen fuera toda duda su autenticidad y antigüedad) y otra la interpretación que posteriormente se extraigan de dichos hallazgos. Particularmente los artefactos hallados en Hohle Fels, son citados aquí para revelar la necesidad de revisar muchos de los supuestos que sostienen la mayoría de los arqueólogos, tales como seguir interpretando las piezas como representaciones mágicas para una caza exitosa, cuando los animales representados no se corresponden con los restos hallados en el lugar sobre lo que efectivamente comían. El otro supuesto a cuestionar es la afirmación que quizás los grupos paleolíticos realizaran artefactos no utilitarios por “amor al arte” o para pasar el rato, pero si nos hemos de guiar por las expresiones de los aborígenes australianos, los grupos paleolíticos simplemente no entienden el arte según nuestro sentido estético derivado de la filosofía clásica.
Además ¿cuál habrá sido la impresión que tuvieron los arqueólogos luego de transitar el espacio donde se realizaron los hallazgos?  Una y otra vez quienes participan en esta clase de descubrimientos, tienen la sensación de estar frente al registro de gente muy similar a nosotros y esta no es la excepción. Curry transcribe en su artículo redactado para el Museo Smithsoniano las opiniones del arqueólogo que estuviera a cargo de los estupendos hallazgos de Hohle Fels. Expresó que sin importar que los objetos se califiquen como obras de arte o como talismanes para la suerte, está convencido que los hallazgos presentan la marca de un intenso florecimiento de la creatividad y constituyen un claro antecedente de las posteriores pinturas de bisontes, renos y leones sobre las paredes de cuevas como Chauvet y Altamira.
Sin embargo, resulta notable que el debate posterior se presentó entre quienes no estuvieron en el lugar y analizaron los objetos desde el prisma de sus conceptos previos. Aunque no es el propósito de este trabajo discutir en profundidad los conceptos occidentales sobre la experiencia estética, nada nos impide recordar las grandes dificultades que han tenido algunos filósofos para dar cuenta desde el lenguaje lógico-racional de una experiencia que involucra nuestras vivencias más íntimas como resulta la experiencia estética. Para colmo de males, muchos filósofos definen al arte como un adorno inútil, producto del ocio: con tal marco conceptual, el Arte abordado con esta mirada no proporciona ninguna respuesta adecuada a la abundante variedad de expresiones que en el pasado involucraron la expresión participativa del cuerpo, ni los sentimientos volcados en la elaboración de flautas que permitieron al ejecutante y desde su exhalación vital imitar el exquisito canto de los pájaros.
Creo que el problema central en muchos debates sin resolución se debe a la insistencia de muchos en una búsqueda en el registro arqueológico de algún rasgo incipiente de la especificidad humana anclada en la abstracción racionalidad clásica, por pequeña que fuera que admita seguir su desarrollo lineal. Tal abordaje considera que los individuos del pasado si y solo si pueden ser reconocidos como Homo Sapiens a condición de revelar algún atisbo de  desapego emocional en el ejercicio intelectual de cualquier técnica, de la misma manera que la reflexión filosófica requiere de un abordaje del conocimiento absolutamente despojado de toda emoción [4]
En cambio y si hubiera alguna manera de acceder al registro con una actitud que atienda a las emociones contradictorias de amor y temor propiciadas por un entorno absolutamente hostil, sería posible imaginar que se trata de emociones que requirieron de una conciliación de sí con el entorno mediante un pensamiento que produzca símbolos materiales que expresen tal superación. La reproducción de los sonidos de los pájaros utilizando huesos de aves para la realización de flautas, además de evidenciar una larguísima observación del medio natural sin duda permitieron a sus creadores y ejecutantes manejar los temores adecuadamente y superarlos con eficacia.

Diepklooff: Un enigma grabado hace 65.000 años
  Otro hallazgo notable fue publicado por la revista Science años atrás. En principio un equipo de investigación  encontró pistas en Sudáfrica según las cuales ciertos elementos encontrados en la cueva de Blombos de probado origen humano, tendrían 100.000 años de antigüedad, hallazgo al que se sumaría otro realizado previamente en el mismo estrato con 77.000 años de antigüedad en la misma localización [5] El equipo de investigadores que había excavado Blombos, de la Universidad de Burdeos, sostuvo que la antigüedad de las piezas halladas (elementos para preparar ocre rojo) supondría la existencia de una tradición simbólica continua de larga duración. Sin embargo otros arqueólogos cuestionaron el carácter de las marcas que presentaban algunas de las piezas halladas.
Desde 1999 estos investigadores han estado trabajando en una localización diferente a la cueva de Blombos: el refugio Diepklooff, hacia el oeste y a unos 180 km de Ciudad del Cabo.
El experimentado equipo ha encontrado nada menos que 270  fragmentos de cascarones de huevos de avestruz con “inscripciones” humanas inequívocas: rayas, marcas y patrones geométricos que son las más antiguas que se conocen, nada menos que hasta 65.000 años de edad.



Como se trataba del mismo equipo sobre el que se había cuestionado el carácter intencional de las marcas que presentaban algunos elementos de Blombos, no debería llamar la atención el cuidado que pusieron en tratar de defender el carácter simbólico de las marcas en las piezas de Diepkloff. El largo informe de la revista PNAS de la que Scence no presenta más que una reseña, describe lo que para el equipo constituye evidencia indudable de pensamiento simbólico:
“El comportamiento simbólicamente mediado constituye una de las pocas marcas universalmente aceptadas de la conducta moderna… Las prácticas simbólicas han sido definidas como producto de convenciones sociales… En todos los casos se trata de prácticas que requieren de adherencia a normas colectivas… (los diseños) demostraron una clara estandarización en el grabado y presentan una repetición de patrones en concordancia con algún modelo mental diseñado por el grupo
El párrafo precedente tomado del artículo original escrito por el encargado del equipo de investigación informa que las prácticas simbólicas se definen por resultar socialmente construidas y consensuadas. Además, en todos los casos se trata de prácticas que requieren adherencia a normas colectivas. Según palabras de los investigadores, la repetición de  patrones regulares en la práctica son elementos clave para la emergencia de una tradición. Sin embargo, reconocen también que la cuestión de “dónde, cuándo y bajo qué formas aparece la tradición simbólica en la evolución humana” sigue siendo un tema crítico de abordar teóricamente. De todos modos, el equipo tiene toda razón para defender su hallazgo en el que los diseños grabados abstractos se presentan como evidencia de conducta intencional.
El informe original adjunta el relevo etnográfico realizado sobre los grupos del Kalahari quienes usan los huevos de avestruz como cantimplora, y los decoran para identificar al dueño o el contenido. Lo notable es que el registro arqueológico muestra que hace 60.000 años era igual. El equipo de investigación concluye que el nuevo hallazgo constituiría la prueba más antigua de la existencia de expresión gráfica en la población prehistórica por parte de grupos cazadores-recolectores.
La controversia que surgió luego de la presentación del hallazgo resulta sumamente llamativa. Science pregunta “Pero ¿es esto realmente simbolismo? “Si”, según el arqueólogo que evaluó el informe, Stanley Ambrose. “La diversidad de diseños y motivos es impresionante. Añade un importante corpus de evidencia sobre el desarrollo de la expresión simbólica y artística en África”
Sin embargo, otro de los evaluadores no está seguro. “Los grabados pudieron haber sido realizados por propósitos estéticos ajenos al simbolismo” dice el arqueólogo Thomas Wynn, “Los investigadores necesitan demostrar que la realización de grabados requiere pensamiento simbólico”, en vez de simplemente asumir que lo son.
Este estupendo hallazgo tal como fuera reseñado por Balter para Science pareciera quedar empañado por la crítica final de Wynn, que le resta mérito y exige que el equipo investigador justifique las marcas como pensamiento simbólico, en vez de aprovechar la oportunidad de iniciar una discusión académica para dirimir en base a estos hallazgos impresionantes en qué consiste exactamente el pensamiento simbólico.
Convengamos que el informe de Diepkloff no termina de contextualizar el extraordinario hallazgo al presentar una definición demasiado generalizada referida a la reproducción social de signos, informe que la crítica de Wynn para colmo responde desde nociones clásicas sobre estética que sugieren que los grabados bien pudieran haber sido fruto de marcas pasatistas realizadas durante la aburrida hora de la siesta, ya que el pensamiento simbólico parece ser solo aquel que depende  de los signos del lenguaje, y como los diseños del grabado no presentan ninguna indicación que los haga pensar como escritura, por lo tanto no merecen pensarse como simbólicos.
Nuevamente, se cae en la tentación de extrapolar categorías provenientes de la filosofía clásica, no solo las nociones estéticas, sino particularmente las que remiten al carácter racional de las expresiones gráficas empleadas para comunicarse. Sin embargo, otro abordaje es posible.
Los 270 fragmentos grabados de Diepkloff  reunidos en 2010 y cuyo análisis riguroso indica que comenzaron a realizarse hace 65.000 años,  constituyen la evidencia más temprana  del pensamiento que produce símbolos cuya fuente radica en  los sentimientos demasiado humanos de  identidad y alteridad: Sentimientos encontrados de pertenencia que procuran alguna expresión material referida a la presentación del sí mismo (individual o grupal) que al mismo tiempo permita diferenciarse del otro (individual o grupal).





[1] La relación entre la posición del cuerpo y la ejecución de pinturas rupestres europeas fueron analizados en su día por Leroi-Gourham (1971)
[2] Ceremonias aborígenes
[3] En el documental “La caverna de los sueños olvidados” (2011) realizado por Werner Herzog uno de los arqueólogos entrevistados muestra en pantalla  y ejecuta una melodía con un facsímil de estas flautas de 43 000 años.
[4] A la fría racionalidad kantiana se le opusieron abordajes  fenomenológicos que procuraron abordar al mundo desde la  Epojé (del griego ἐποχή “suspensión del juicio”) Para estudiar las vivencias en cuanto tales había que modificar nuestro modo ordinario de verlas y vivirlas. La epojé o reducción fenomenológica, nos coloca de lleno en el terreno de la subjetividad. Sin embargo, Husserl, hombre sumido escrupulosamente en la teoría, fue añadiendo conceptos que terminaron complicando la terminología y oscurecieron su novedosa  propuesta inicial.
[5] En esta cueva de Blombos fue donde se hallaron la mandíbula moderna y elementos para usar ocre rojo mencionados páginas atrás como registro exclusivo del Homo Sapiens. Además, se observaron ciertas marcas rítmicas regulares realizadas sobre elementos aunque cabían dudas razonables respecto su intencionalidad expresiva.

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